martes 13 de enero de 2009

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Goethe y yo pensamos lo mismo. He tecleado la frase y el Word no la ha escrito, se ha quedado mudo, el Word, con la frase en su cerebro y, mientras esto sucedía, mientras esperaba el ya conocido desbloqueo del Word, que, a veces, supongo que le pasa a todo el mundo aunque, a fin de cuentas, uno puede suponer de todo respecto al resto del mundo, uno puedo decir yo soy el mundo y todo lo que me pasa le pasa a todo el mundo, y tirar por ahí hasta las últimas conclusiones, probablemente espantosas, quién sabe si equivocadas; el Word se bloquea, y no ves el tecleado, el letra a letra, sino que, de repente, el Word se desbloquea y escribe la frase de un tirón, como si lo hiciera solo, cosa que siempre llama mi atención. Pues mientras eso sucedía, realmente, he recibido un mensaje, y era de mi amigo Nombre4, para que nos veamos mañana, le he contestado que sí, que vale, aunque he estado a punto de decirle que mañana tengo muchas citas, lo cual no implicaba no quedar, pero sí que se diera cuenta de que no podría estar con él hasta las mil, pero, justamente, he pensado, he pensado mientras escribía y escribo ahora, yo creo que el cerebro, en verdad, no tiene sólo una voz, sino que tiene varias, no sé, yo, me acuerdo, en la universidad, era capaz de leer al mismo tiempo que escuchaba lo que me decían y entendía lo que me decían y entendía de lo que leía, del mismo modo que ahora, al recibir este sms, estaba escribiéndolo y al mismo tiempo estaba pensando en escribir un mensaje distinto, un mensaje que dijera no ok, quedamos, sino ok quedamos pero mañana tengo muchas citas, que lo sepas, el caso es que no tenía sentido dar a entender a mi amigo Nombre4 que tengo muchas citas, eso rebajaba el acto de quedar con él, porque quedar con alguien es un esfuerzo que hacemos todos por cruzarnos las vidas, por interseccionar las agendas y vernos los ojos. Sí, yo creo que quedar sólo significa: quiero mirarte a los ojos.

Dice Goethe, y no lo dice directamente, sino a través de infinitos pasillos: me explico. Anoche, después de escribir, exponer, soltar sin prevención que realmente a mi Gaza y el Holocausto me traen sin cuidado, pasé un rato sin dormir y, aprovechando que está en la cabecera de mi cama, y, realmente, sintiéndome algo culpable porque no lo he leído apenas, casi nada, porque de hecho los tres libros que escribí que saqué de la biblioteca los he dejado en las primeras páginas, como digo, pues que me abrí El libro de mis amigos de Henry Miller y, lo abrí a voleo, y vi antes que nada una cita que leí y que me satisfizo, porque Goethe y yo (foto) pensamos lo mismo. El caso es que la cita es de un libro que un tal Eckerman hizo sobre Goethe, que se llama Conversaciones con Goethe, y en él, según dice Henry Miller, que, de hecho, no lo dice él, no lo dice porque él directamente haya leído ese libro, sino que encima dice que un amigo le hizo notar la cita (lo cual es tan complejo y, a la vez, tan real, no es lo mismo, y lo pensé antes, y por fin lo escribo, no tiene nada que ver escribir “No me gusta Francia” que escribir “No me gusta Francia, dijo Paul, escribe Lorena”, que es como escribe Thomas Bernhard, Bernhard es mi Dios, es el genio en estado puro, no se puede ir más lejos y, al mismo tiempo, quedarnos tan cerca, como Bernhard, el caso: que en el segundo ejemplo, el de Lorena, lo que se nos dice es mucho más complicado y, realmente, mucho menos verbal, tiene que ver con las dimensiones, los planos del conocimiento, el flujo de la información, y ese paladar que te deja Bernhard, realmente, sí, realmente, digo mucho realmente, precisamente por Bernhard, o por el traductor de Bernhard, que es Miguel Sáenz, eso, realmente, esa forma de escribir nos enloquece, nos crea adicción, porque nos habla directamente al núcleo de nuestra inteligencia, a la misma electricidad del pensamiento) (releo, como es obvio), dice Goethe, a través de varias voces y de varios siglos y de varios traductores: “Dudo que exista un crimen, por infame que sea, que yo no me haya sentido capaz de cometer personalmente”. Página 221.

Eso es. Esa es la verdad. Es la verdad. Yo creo que existe la verdad y que, a veces, algunas palabras son la verdad, y que esas palabras hay que encontrarlas y guardarlas en la memoria. Me acuerdo, y me acordé ayer también, cuando postulaba mi falta de solidaridad para con Gaza, me acordé de Nombre1, mi amigo de infancia, mi amigo perdido, vuelto luego, a Madrid, cuando lo reencontré, cuando hicimos la sutura de dos vidas que dejaron de cruzarse, porque los estudios, y las provincias, y los trabajos y, realmente, se me ocurre ahora, todo está conjurado para separarnos, a mí me cuesta menos separarme de alguien que encontrarlo, me cuesta menos no llamar que llamar, me cuesta menos tirar peso en el globo del yo que cargarme con todas esas citas que, por ejemplo tengo mañana: café con Nombre22, café con un editor, café con Nombre4, museo con Nombre47, a la que acabo de bautizar y que, realmente, acaba de entrar en mi vida, sí, y me pregunto cuántos de estos nombrenúmeros estarán en mi vida dentro de solamente tres meses, porque la vida nos separa, y lo único que nos une es nuestra voluntad de vernos los ojos, una voluntad que es, pienso ahora, del mismo palo que leer, una voluntad íntima, innegable, que nos hace ir hacia las palabras y hacia las personas con honestidad, porque realmente queremos. La amistad es lo contrario de la pereza.

La amistad es un trabajo.

El trabajo os hará libres, y la amistad os hará libre. Lo dudo mucho.

El caso, me acuerdo de lo que he escrito, no lo he releído, me acuerdo porque me acordé anoche, como digo, como he escrito, me acordé de cuando quedé con Nombre1 en el bar Kappa de Madrid, donde estuve hace poco, sí, esa noche que luego acabé con mis amigos, con Nombre22 y Nombre15 y la novia de Nombre22, que tiene mucho genio, ese bar llamado La ochenta, el caso, hacía tiempo que no volvía por el Kappa, abrevadero etílico de mis años de Filmoteca, anda que no hace que no voy a la Filmoteca, de hecho, el museo de mañana, ese Alix, es la primera actividad que hago en años, en meses como poco, en mi paro sin duda, un paro que no he utilizado para otra cosa que para dormir y para escribir en esta serie de los unos, los ceros y los doses; lo que iba a decir, lo que mi cabeza trata de decir pero mi cerebro no, mi cerebro sólo quiere rebotar, el cerebro es el perro de la casa, los perros quieren rebotar, quieren ir de un sitio a otro, aunque hay perros que no se mueven, no me gustan los perros, luego a lo mejor comento la frase, Estoy harto de los maricones y de sus putos perros; entonces hablaba con Nombre1, que ya entonces era muy rojo, y, creo, esa misma noche, de camino a los búhos, nos encontramos con Julio Anguita, además nos lo encontramos a la sombra, no sombra de luz, porque era de noche, sino sombra histórica, a la sombra del banco de España, ahí le vimos, a Julio Anguita, y mi amigo me abochornó porque se fue directo para él y, me acuerdo perfectamente de las palabras que le dijo, le dijo: ¿Le puedo saludar?, y le dio la mano, y yo me mantuve a dos metros de distancia, completamente abochornado, la verdad; hablando de la guerra civil, la española, claro, él dijo, porque yo, como siempre, porque siempre he sido un bocazas y un paladín de la inconveniencia, le había soltado algunas burradas sanguinarias, él dijo, digo, escribo, dijo: mucho hablar de matar pero llegado el caso, no creo que fuéramos capaces, y yo le dije, te equivocas, llegado el caso de lo primero que vamos a ser capaces es de matarnos los unos a los otros, de clavarnos el cuchillo en el cuello, de mandarnos fusilar y de ahorcarnos, de violar a las mujeres, de enterrar vivos a los niños y de quemar las casas con la gente dentro, porque igual que tú, igual que yo, en 1936 había varios millones de personas que no sabían que eran capaces de matar, que estaban con sus asnos y con sus guadañas, y con sus notarías y lo que sea, y que, de pronto, se vieron con las manos manchadas de sangre, todos, sin faltar uno, haciendo el mal, cometiendo el mal, siendo el mal, siendo el mal absoluto, de un día para otro, de un suspiro para el siguiente, como una puerta que se abre y está la muerte y le decimos, entra en mi casa y sé mi Dios, eso le dije, más o menos, y lo pienso, y lo sé, y lo sabe Goethe, y yo lo sé de mí, yo sé que, llegado el caso, sí, además se lo dije a Nombre1 y lo pensé anoche y lo escribo, por fin, ahora, llegado el caso yo encabezaría un pelotón de fusilamiento, yo mataría gente sin pestañear, diría, fuego, y cuarenta cuerpos contra una pared caerían al suelo, y yo diría, bien, pueden retirarse, y luego me acercaría a uno de los cuerpos, uno que tiembla, que sigue vivo, un enemigo vivo, y le descerrajaría un tiro en la cabeza sin pensarlo dos veces, porque yo soy un hijo de puta.

Anoche, además, me vino el recuerdo de cuándo me di cuenta de que soy un hijo de puta, potencial al menos. Me acuerdo, en Segovia, en un club de campo, o algo así, un club, una cosa para jugar al golf, un sitio con verjas, un lugar exclusivo, asqueroso, todo lo exclusivo es asqueroso, el lujo es la consumación del asco, iba con mi padre y mi hermano en el camión, un camión de reparto de bebidas, iba con ellos, porque acababa de volver de Madrid, de estudiar, sí, periodismo, volvía para el fin de semana o algo, y ellos me recogieron, y continué con ellos el reparto, que les quedaba poco, este sitio nada más, o algún otro, pero poco, y a este sitio llegamos con el camión y había un señor en la puerta, en la garita, un señor que dejaba pasar los coches cuando los conductores de los coches le enseñaban su carné exclusivo, de jugar el golf y tomar zumos, exclusivamente, y mi padre paró el camión a la puerta y le pidió entrar, como supongo que hacía todos los sábados, y el señor, nada más ver el camión, salió espantado de su garita, y con ademán despectivo, con asco en la mirada, nos dijo, quitad el camión de ahí, como si le diera asco un camión, un camión de reparto, grande, ruidoso, imponente, como si le diéramos asco nosotros, no: directamente le dábamos asco, le dábamos asco con nuestras ropas y mi padre con sus manos siempre hechas polvo, y mi hermano con su ropa de trabajo, asco le dábamos, quitad el camión de ahí, y mi hermano le dijo que nos dejara pasar para llevar las cajas al bar, para hacer el reparto, que es el trabajo que hacían, repartir las cajas, para meterlas en un bar que está al fondo del complejo, allá arriba, porque estaba encima en cuesta la entrada, y el señor dijo que no podía pasar el camión y que tenían que llevar mi padre y mi hermano las cajas desde ahí, desde donde estábamos, subiendo metros y metros cuesta arriba con las cajas llenas y bajando metros y metros con las cajas vacías, eso dijo ese señor, con asco, y yo, me acuerdo, y anoche no me acordé, pero me acuerdo que se me incendió la sangre y que mi hermano me dijo, calla y súbete al camión, y me quedé en el camión, muerto de odio, siendo el mal, pensando, y lo pensé con 18 años, y lo pensé ayer, y lo pienso ahora, y lo pensaré hasta el último día de mi vida, pensando: a este señor, venida una guerra, venida una guerra de ellos contra nosotros, yo lo mataría sin pestañear, sería el primero, además, el primero, me acordaría de esto, de su servilismo para con el poder, de su labor de cancerbero de lo exclusivo y vendría a él, con una pistola y se la metería en la boca y le volaría la cabeza sin tan siquiera pestañear, porque tú eres mi enemigo y eres el enemigo de mi familia, y yo soy un hijo de puta y tú para mí ya estás muerto, pensé.

La verdad es que me ha emocionado bastante escribir esto.

Le acabo de contestar un sms a mi hermano, a mi otro hermano. Y ahora hablé con él. Mi hermano, este, no se entera nunca de nada. Que si estoy en España, me dice. Dónde coño voy a estar. No sé, en París. Dice.

15 comentarios:

carmen dijo...

Perdona: habla en serio?

carmen dijo...

Perdone, todo lo que escribe lo siente de verdad?

estibalizes dijo...

el buen rencor sublima

emma dijo...

Tu emocion me ha llegado Hiki. Menudo hijo de puta servilista el de la garita del club de golf. Y de esa gente España esta llena. De servilistas chupa culos acomplejados. Si, en España. En el resto del mundo tambien pero en España hay mas, muchisimos mas. Por razones historicas.
Y como este texto tambien ha hecho saltar chispas en mis neuronas de la memoria, me he acordado de una tipeja que fue mi jefa en uno de mis primeros empleos despues de la Universidad. La tipeja, cuyo rostro nunca olvidare, cuando se dio cuenta de que yo no tragaba con eso de que ademas de hacer todo el trabajo para el que habia sido malamente contratada como administrativa, tambien tenia que limpiar la oficina porque venia una auditoria de nipones o no se que coños al dia siguiente, y que tenia que limpiarla en ese mismo instante en el que ella me lo pedia, como le dije que yo no limpiaba, que yo no habia sido contratada para limpiar su mierda de local, la tia se me puso al lado, al dia siguiente y me dijo por lo bajo, sin mirarme, arrastro las palabras como una serpiente, me dijo "no vales para nada Emma" y desde ese dia se dedico a hacerme la vida imposible y aunque solo fueron tres meses cuando me acuerdo de ella reconozco que no, no la mataria pero que si tuviera la oportunidad humillaria hasta hacerla llorar de rodillas ante mi, lo haria, seguro que si.
Jo.
Lo que no se es si ahora la sigo odiando como antes.
Pero me haces pensar.

Anónimo dijo...

Cuánto sufrís todos. Qué pena me dais.

LauRa dijo...

Humillarla daría mucho más trabajo que matarla, eso seguro. Hikimori, a tí... al principio dan ganas de matarte también, a bocajarro para que te calles. Pero luego se quita. Y una vuelve. Qué cosas, tú.

mario moliner dijo...

LauRa, ti no lleva tilde. Gracias. Dan ganas de matar a quien lo acentúan.

Pablo dijo...

No hay nada que un buen tiro en la cabeza no pueda arreglar.
El mejor post so far.
una excelente justificación del asesinato en masa.

Anónimo dijo...

Mario:
"a quien lo acentúa" o "o a quienes lo acentúan"... Es que sino también entran ganas de matar.

osadía dijo...

mario moliner y anónimo...

Estáis de coña, no?

"Sino" también entran ganas de matar??

Hay que ir más sobrao para ir de sobrao... ;)

mario moliner dijo...

"a quienes lo acentúan". Me irritó Vd., y claro.

Buenos días.

Anónimo dijo...

Osadía, no rompas la cadena pues, que ahí estaba la gracia. Bien visto en todo caso!

LauRa dijo...

Mário Móliner... Es que yo acentúo lo que me dá la realísima, sabes?

una que flipa con los comentarios del personal dijo...

La de tiempo libre que tiene la peña

Anónimo dijo...

Digo.. Máríó Mólínér. Que yo tb me lío con los nervios.... Mucho tiempo libre, sí. Muuuuchoooooo