sábado, 7 de marzo de 2009

Algunas ideas... en El confidencial

La literatura debe reinventarse constantemente, como Osiris, divinidad solar que moría cada día para renacer al siguiente. De igual modo, la novela lleva muriéndose más de un siglo, pero reaparece constantemente con formas nuevas, de tal modo que debería incluirse en su definición su carácter de ave fénix. Aunque, en realidad, la novela, la literatura en general, goza de buena salud; es la teoría la que, no pudiendo seguirla, la declara muerta y al fin debe reconocer que está viva y debe reconstruir sus doctrinas con los nuevos materiales: tarde, porque la novela, la literatura, ya ha mudado y viste plumajes nuevos.

En el guardapolvo de Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder, nuevo trabajo de Alberto Olmos -de quien ya hemos reseñado aquí Trenes hacia Tokio, El talento de los demás y Tatami-, aparece una bomba a punto de explotar (simula el mensaje de error de un Macintosh). Esa bomba es la que golpea a la teoría, que tendrá que enviar a sus TEDAX a desactivar este engendro que no se sabe si es literatura, ni quién es su autor; no es identificable la trama, ni el estilo. De lo que es la novela tradicional sólo podemos reconocer la existencia de unos personajes que, de todos modos, no tienen más relación entre sí que el medio donde publican sus textos, internet. Porque Alberto Olmos ha compuesto una novela de la que sólo ha escrito la Nota y los Créditos, y el material narrativo lo ha copypasteado de internet.

¿Quién es el autor? (Alberto Olmos respondió a esa pregunta solicitando una foto de grupo). Autores son todos, y el resultado es común. No se puede, como en un libro de cuentos colectivo, desgajar a uno de los autores y evaluarlo de manera independiente. La autoría de Olmos ha consistido en un entretejer textos que no son propios para componer un fresco coral –con la técnica evidente del collage- que es casi una novela-río, si bien internet es más un océano (pero hasta los océanos tienen sus ríos), donde el curso central es el ordenador de Olmos, en donde confluyen los diversos arroyos y corrientes. De algún modo es una actualización de La colmena, con una serie de personajes que discurren en paralelo, sin llegar ahora a rozarse.

Olmos ha concebido la obra “del texto a la textura”: lo que ha buscado es dotar de textura web a las historias de los personajes Eritrea, Supercrisis, Jeepster o el propio Olmos, que son personajes porque su existencia es digital y, ahora, de papel -Olmos entra en la novela a través de los correos electrónicos de su amigo Héctor-. Aportan texturas los textos robóticos, el spam, la nube de tags que copia o la encuesta de la bitácora Moleskine literario. Así pues lo relevante de esta novela no es el estilo, aunque no es indefinible, sino la textura y la estructura. Una estructura que obedece, como confiesa el editor en la Nota, a una “sana anarquía” y a su “curiosidad emocional” -no es difícil reconocer las semejanzas entre la amargura de Eritrea y la del protagonista innominado de A bordo del naufragio, la primera novela de Olmos-. El material lo ha ordenado (su “confesión de cookies”) partiendo de su propio blog, Hikikomori, y progresando “en círculos concéntricos”, como un DJ, inspirándose en el trabajo musical de The Avalanches, grupo australiano que compuso en 2000 el disco Since I Left You a partir de samples de muy diversos artistas (estrategia que copió luego Craig Armstrong para la banda sonora de Moulin Rouge).

Son textos provocadores, de una rebeldía a la antigua usanza, la que tatuaba con espray el desasosiego existencial o el rechazo profundo a las convenciones políticas y sociales en las paredes de la ciudad antes de los ridículos grafos. Es rabia desatada, que “es lo que promueve internet”. Es literatura en un estadio adánico, original (y por tanto es auténtica, no mera imitación del hipertexto). Muchos de estos materiales son los que, tradicionalmente, el escritor reelabora luego para dar lugar al relato común. Aquí quedan expuestas sus entrañas, como un Centro Pompidou literario. Son textos que obedecen a la necesidad íntima de expresión, la que siempre ha impelido a los escritores. Y de ese modo enlazan con la tradición.

¿Es literatura? Algunos ejemplos del libro lo son claramente, o tienen antecedentes claros en el diario, la columna periodística, el relato tradicional o la poesía. Otros, como los tweets o los SMS, quizá están más alejados de lo que comúnmente se entiende por literatura. Es el conjunto lo que resulta ser decididamente literario; pues no siempre el material que compone la obra literaria lo es, y sin embargo no cabe duda del carácter del producto final. Aquí es difícil desentrañar lo referencial, lo puramente literario, sin que importe realmente eso: “Lo literario está en el papel donde se imprime”. Lo que queda a quien lea Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder es que en internet puede encontrar literatura valiosa; aunque, de momento, el papel sigue dando prestigio (homologando, según Constantino Bértolo, editor de Caballo de Troya). A ver cuánto dura eso.

LO MEJOR: que algunas de estas ideas no se van a perder.

LO PEOR: ¿no traiciona al espíritu de internet el hecho de fijar los textos en papel?

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12 comentarios:

  1. Alberto, no sé si es algo que les ocurre a más seres además de a mí, pero la lectura en pantalla de textos con fondo negro y letras blancas me produce bastante cansancio ocular. Hace tiempo que leo tu blog y nunca había dejado ningún comentario, pero, no sé porqué, hoy se me ha ocurrido decirte esto de los colores, ya que tal vez a otros seguidores les ocurre lo mismo y... y... en fin, que a lo mejor te daba por cambiar la plantilla y poner un fondo clarito, tan amable a los ojos. Si es que no, pues nada, oye, seguiré imprimiendo de vez en cuando para leer lo largo, o me joderé y aguantaré lo corto en pantalla. Pero, en serio, la vista sufre. Al menos la mía. Será la vejez...

    Por lo demás, un saludo, y que siempre ha sido grato leerte.

    Antonio Trashorras

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  2. Antonio, dado que ya no escribo sino que sólo copio y pego noticias y anuncios, decidí volver al blanco sobre negro, porque me gusta cómo quedan las fotos. Sí, otros lectores me comentaron lo mismo hace tiempo, cuando escribía a diario.

    Por cierto, si no me equivoco, tú y yo nos conocemos desde los tiempos de la coctelera... 2005...

    Uf.

    saludos

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  3. Cierto que las fotos quedan mejor sobre fondo negro. Y sí, los tiempos aquellos cocteléricos... Lo que no recuerdo es el blog concreto en el que nos cruzamos. Es más, no recuerdo si tú eras tú y yo, yo, u ambos éramos otros. Ya sabes...

    A.T

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  4. La lectora maniática10 de marzo de 2009, 18:51

    Jaaaaaaaaaaaaaa

    No soy la única

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  5. Por si a alguien le apetece leerlo:

    http://www.elpais.com/articulo/cultura/Letraproletarios/elpepiopi/20090311elpepicul_3/Tes/

    Aunque el otro día te vi por la calle y me pareció que ibas muy bien vestidito.

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  6. Le ibas contando a una chica muy guapa nosequé de Japón, muy serio… jeje

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  7. Eso ha sonado fatal. Reflexión:me resulta tremendamente inquietante "ser visto" y luego que me cuenten "lo que hacía". Como si fuera posible que me dijeran, dijeras: hey, te vi matando a alguien, te vi robando, te vi estuprando... y yo no estuviera seguro de no haberlo hecho.

    En todo caso no pienso salir de mi casa nunca más en mi vida. Lo juro.

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  8. Oye, que estabas muy gracioso... No veo el mal en dar palique a chicas guapas, en serio.

    Además, vale que Madrid es un pueblo, pero no somos tantos los que te ponemos cara.

    Los que no vemos la tele también tenemos derecho a ser cotillas...

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  9. Me das curiosidad sobre mí mismo. Oye, otra vez saluda y hacemos un trío (verbal).

    Y ya. Como sabes, media España está leyendo esto que escribes... :-)

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  10. Media España con el F5 en llamas! jajaja

    Tienes razón, la próxima vez saludo, en un acto de justicia cósmica hacia ti, que también tienes derecho a mirar.

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