sábado, 19 de octubre de 2013

raudo #25

La sensación -caprichosa y juguetona, bien es cierto, pero intuitivamente muy firme- de que la mediocridad de un autor es directamente proporcional al número de personas que, de una u otra manera (al principio del libro, en dos o tres páginas finales; en cada cuento o en cada poema)- incluye en las dedicatorias.

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