jueves, 21 de noviembre de 2013

raudo # 58

Aventurar (como casi siempre: por puro juego), a la vista de tantas biografías fantasmales en las solapas de las novelas -uno es director, el otro subdirector; la otra fundadora; aquel redactor jefe; aquella directora adjunta-, que el origen de este delirio curricular, según el cual todo el mundo puede ser jefe de sí mismo, y proclamarlo, e inventarse alegremente linajes laborales (siempre ejecutivos), por mucho que lo que se dirige o subdirige, o funda, o encabeza, sea una revista desconocida, una web donde nadie cobra (y ser redactor jefe allí, sin sueldo, es poco menos que ejercer de voluntario en unos juegos olímpicos), una cita mensual o semanal de amigos vagamente interesados en las conspiraciones de salón o un nuevo movimiento literario estático, o incluso una orden (sic), pueda estar en aquel reino circular, redondo, en aquella monarquía de la circunferencia, que le cayó o le sobrevino a nuestro más eximio escritor -al tiempo que va rechazando los honores oficiales de su patria- o, si no, en el anuncio publicitario del fabricante de muebles sueco, aquel que decía: Bienvenido a la república independiente de tu casa; en uno o en otro (en el eximio escritor o en el fabricante de muebles sueco) debe de haberse iniciado esta infección jerárquica, aventuro, por puro juego; esta ridícula falsificación de los propios logros, al punto de que ya sólo ser, ser uno mismo, puede proponerse como una forma de imperio, o incluso como toda un Era de la Humanidad; o un Eón; o un Supereón: todo es ponerse.

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