miércoles, 29 de julio de 2009

El estatus, en Desde la ciudad sin cines

Si la anterior novela de Alberto Olmos, Tatami, trascurría en el espacio cerrado de un avión y con el tiempo limitado a las horas de un vuelo Madrid- Tokio, en El estatus el espacio se reduce a un edificio de cuatro plantas, del que, durante las escasas semanas que ocupa el tiempo de la narración, sus protagonistas principales no franquearán las puertas.

Clara madre y su hija, Clarita, han llegado del campo a la ciudad, a un piso de lujo buscado por el marido ausente.

El país, por el uso del lenguaje de los protagonistas, podría ser España, pero no lo es; permaneciendo la novela atemporal y deslocalizada –como dice la contraportada-. En ella también se la compara con un drama de Beckett, supongo que haciendo referencia a su obra Esperando a Godot; en El estatus madre e hija también esperan a un Godot (el padre) que nunca parece acabar de llegar, aunque pesa sobre los protagonistas como una presencia ominosa. Clara madre e hija esperan entre un conserje mudo, una sirvienta deslenguada y las visitas de un empleado de la agencia inmobiliaria que les ha conseguido el piso.

En la contraportada también se cita a Faulkner, e imagino que será por la creación del personaje Jesualdo (el portero) que por momentos, en sus discursos quebrados y absorbentes, recuerda al Ben de El ruido y la furia.

En la contraportada no citan, sin embargo, a Henry James, para mí una referencia clara en esta obra, en la que, como en Otra vuelta de tuerca, el punto de vista narrativo resulta fundamental. Durante la lectura de El estatus la narración es cortada por unos comentarios en letra bastardilla que Clara madre e hija parecen dirigirse una a la otra hablando sobre las escenas de la novela. Un detalle me llamó la atención: en estos comentarios a veces se usa un tiempo verbal pasado y a veces presente; no desvelaré más, pero esto tendrá su influencia en el desenlace de la historia.

En el ambiente claustrofóbico del edificio, situado en Schemelgelme 34 (los nombres, aunque suenan a alemán, también deslocalizan el libro), las situaciones inquietantes parecen sucederse: ruidos, ausencia de vecinos… hasta la desaparición nocturna de la puerta del piso al pasillo del edificio. Aquí posiblemente se produce la gran ruptura de la novela, ya que la reacción de los protagonistas no parece acorde a las circunstancias; y debemos, quizás entonces, miran la portada, esa reproducción de una foto de Franz Kafka con Felice Bauer, para interrogarnos si nos encontramos ante una obra del absurdo de corte kafkiana. Pero sólo hemos de dejarnos guiar por la narración; al final todos, o casi todos, los interrogantes tendrán una explicación plausible, que estará en relación (aunque no de forma absoluta, ya que también son importantes los vínculos que los personajes secundarios tienen entre sí) con los dos puntos de vista principales de la novela: ésta es una historia de fantasmas, como parece creer Clarita; o es una historia de locura, como el lector puede deducir de las reflexiones de Clara. Ésta -la verdadera portadora del concepto de estatus-, vive aislada de los demás, criados, sirvientes… a los que considera inferiores, y mientras espera a su marido (Godot) se dedica a leer. Sólo se nos da una referencia de sus lecturas: El Horla, relato de Guy de Maupassant sobre un hombre que está siendo poseído por una presencia fantasmagórico o que se está volviendo loco (al parecer es un relato bastante biográfico sobre el propio Maupassant).

Una novela corta, que se lee con interés, y estando siempre la narración al servicio de un intenso trabajo con el lenguaje; siendo ésta una de la características de la escritura de Olmos, desde que debutara en 1998 con A bordo del naufragio (Anagrama, finalista del premio Herralde), una replica interesante a los libros rápidos y deslavazados de lo que por entonces se llamó “narrativa joven” (léase Historias del Kronen).

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Gracias (a google Alerts también)

jueves, 16 de julio de 2009

De un desierto a otro: Monegros>Almería

Este sábado 18 me voy al Festival de Música del desierto de Los Monegros (Huesca) al volante de un automóvil de unos 25 años de antigüedad. Mi acompañante ya está buscando gafas de sol baratas, a ser posible de montura amarilla con forma de estrella. Luego bajaremos hacia Almería, donde trataremos de vivir aventuras postmodernas como quedarnos sin gasolina, recoger holandeses con mochila de las cunetas o escuchar sin reírnos canciones de Nacho Vegas.

Todo muy indie.

Aviso: cualquier amigo residente en la costa levantina es susceptible de convertirse en anfitrión forzoso.

Hasta la vista.

viernes, 10 de julio de 2009

Tatami, en el libro abierto de Daenyel

Desubrí este libro hace ya algún tiempo echando un ojo a la publicidad sobre literatura en una revista; desde ese mismo instante me llamó la atención tanto por su título como por su temática y decidí que tendría que leerlo algún día.

El libro trata sobre una conversación entre Olga, chica vírgen de 24 años, primera de su promoción que viaja por primera vez a Japón a dar clases de español y Luis, hombre que viaja por segunda vez a Japón que cuenta sus "aventuras" a Olga durante su primera estancia donde, como ella, también había dado clases de español; mientras ambos vuelan durante catorce horas entre Madrid y la capital nipona.

Luis relata la relación "interventanal" (dudo de la existencia de esta palabra) que tiene con su vecina adolescente y de cómo él la mira día tras día e incluso se exhibe para ella; y de su relación con una de sus alumnas adultas de sus clases de español.

Es un libro "calentito" si bien no tan sucio (afortunadamente... o no) como me esperaba que iba a ser y, tal vez, demasiado corto (no llega a 120 páginas). Creo que te deja un poco con la miel en los labios pero, a pesar de todo, me ha gustado mucho.

Entre los personajes, mi favorito es el de Olga; me gusta cómo se debate entre la curiosidad por conocer más y su ética y moral por no querer seguir conociendo y como llega a cogerle "cariño" a Luis.

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Link

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Arigato.

sábado, 4 de julio de 2009

Tatami deshita

La adaptación de Tanttaka Teatroa me gustó bastante. No soy espectador habitual de teatro y, además, antes de la representación fui convenientemente extorsionado por la extrema amabilidad de Koro, Kike y Fernando (estos dos últimos, directores de la adaptación; ella, en labores de producción), por lo que mi juicio sobre la obra no puede ser menos objetivo.

Saqué algunas conclusiones:

1º. Que uno no debe hacer absolutamente nada cuando le adaptan una novela. Luego vas al teatro y te das cuenta de tu ignorancia para con ese medio y de que todo lo que podrías haber hecho "ayudando" con la adaptación es estorbar.

2º. Que la diferencia entre un texto leído y un texto declamado es enorme; que las frases brillantes por escrito no lo son casi nunca en voz alta; que a todo el mundo le hacen gracia los mismos chistes.

3º. Que las temáticas sexuales en la novela, tan morbosas, se vuelven directamente escandalosas en público. Me produjo cierta incomodidad estar rodeado de personas y escuchar verbos salaces y lances eróticos. Ya digo que no voy mucho al teatro.

4º. Que el estreno de una obra teatral da mucho miedo. No sé cómo pueden soportarlo función tras función.

Y ya.

Aquí hablaban del estreno: El País, Diario Vasco.

Aquí hacen la crítica: Diario Vasco.

Muchas gracias a Tanttaka Teatroa por la descomunal acogida que nos dispensaron.

Les deseo toda la suerte del mundo.

miércoles, 1 de julio de 2009

Donosti

Hoy (en unas horas) estaré en San Sebastián / Donosti en el estreno de Tatami. Voy con mis queridos editores, Raquel y Fernando, Renfe mediante.

Lo digo por si iba a caerme algún ministerio; o alguna regalía. ¡Al móvil!

lunes, 29 de junio de 2009

El estatus, en Desóxido

Ignoraba hasta hace un rato por dónde debía comenzar esta reseña; no sabía si era una reseña o qué coño era. Ahora que lo sé, humedezco con cierta desvergüenza la punta del plumín de la pluma estilográfica número 34 y comienzo a escribir. Me gustan las plumas y me gusta chuparles el plumín -escribir me está envenenando-. Plumas y guiños como obsequios. Sí. Esto ya ha dejado de ser una reseña. Qué más me da.

El estatus, de Alberto Olmos, editada por Lengua de Trapo en mayo de este año, es una novela corta de sólo 163 páginas que se lee en menos de una tarde y que cuando la terminas exclamas: "Alberto, lo que buscabas era la belleza". Alberto dice que sí o dice que no, no lo sé, no le he "exclamado" nada.

Ceñirse al espacio que blogger te ofrece para escribir una entrada y hablar sobre El estatus, me provoca claustrofobia. Por esta razón no descarto que ésta no sea ni la única ni la última entrada que escriba sobre la última novela de Alberto Olmos.

Cinco o seis personajes sin tiempo y preñados de estatus, persuadidos por ese qué deben hacer y ser en la vida, porque la vida los ha puesto ahí, en esa cuadrícula del tablero. Al igual que Tatami, El estatus es serio candidato a la representación dramática por su compleja situación de comunicación, porque ignoro dónde se esconde el narrador, si es que por estar tan catártico, se ha entregado a lo risible de las escenas donde la madre, hija, rumano, asistenta, bedel y padre cabrón viven. La novela es un drama en potencia y éste es uno de sus rasgos más sobresalientes. Pero es mi opinión y sólo mi opinión es opinión verdadera para mí.

El estatus. Ese es el título. Existe un momento en que su lectura te deja sin venas. Abandonas por un momento el libro y te palpas el envés del brazo. Piensas: "Existo, pero en letra cursiva". Te asustas. No, te acojonas. Vuelves a palparte los brazos y flemático, vuelves a notar el fluir de la sangre por las venas. Es justo el momento que la novela te ofrece, y que la tarde te presenta, para que te tomes un descanso y disfrutes de un café cortado. El ruido del microondas calentando la leche termina reenviándote a la realidad de una tarde de junio, laboral y asquerosa. Hacer como Bastian en La historia interminable es el anhelo, el deseo: abstraerte mientras terminas de leer El estatus. Buscas una buhardilla.

El libro no tiene cicatrices. El libro ha sido escrito con fluidez. No obstante, existe una ruptura interesante y más que notable en el momento en que la madre, Clara, decide dormir en la misma habitación que los demás protagonistas. Es una situación de miedo, similar a la que describe Isaac Rosa en El país del miedo; qué gran novela. En ese justo momento, la novela inflexiona y el autor imprime un nuevo ritmo a la trama. Ahora El estatus cabalga muy deprisa y nos obliga a leer ya sin descanso hasta el final.

¿Qué hace Alberto en el libro? Cosas deshonestas. Tratar a la literatura como lo que es, como el arte de lo posible y no el arte de lo real, jugar con la literariedad hasta extremos no definidos ni por Todorov. Hala...

Olmos convence porque es escritor. "Vale, resulta indudable lo que acabas de escribir, Blumm". Como es indudable voy más allá y en este momento no me da miedo afirmar que si A bordo del naufragio hubiese sido escrita con la misma habilidad con la que ha sido escrita El estatus, Bolaño hubiese sido el finalista de aquel Herralde.

-No le entiendo, Blumm. Es más, se ha pasado.
-Ya, ya lo sé. Pero no me he pasado. Yo sé lo que digo.

Ahora, una afirmación sin demasiada reflexión: el título de la novela no es el adecuado. Si bien parte de la trama se organiza en torno al concepto del estatus, que sólo Clara tiene claro qué es, yo, editor en sueños la hubiese titulado Schmelgelme 34 a pesar de que a ti no te diga nada. La construcción Schmelgelme 34 es una chispa de genialidad porque esa palabra -que desconozco qué significa, si edificio en japonés o bungaló en francés- y ese número, constituyen un organismo vivo como en otros tiempos lo fue La colmena. La colmena nunca se hubiese titulado La miseria. Schmelgelme 34 es una construcción mágica pero tampoco es un palíndromo.

En fin, estas entradas tan largas sé que no las lee ni Dios. Lo sé y lo escribo. Voy acabando. Antes de hacerlo quiero revelar que los narradores de la novela conducen a velocidad de crucero, se les ve tranquilos porque conducen un DeLorean.

Hay que seguir hablando de esta novela, hay que seguir descubriendo los recovecos de su estructura, grabar sus psicofonías y servir el miedo en rodajas finas porque como dijo Nietzsche, hoy, según Vila-Matas:

el miedo ha favorecido más el conocimiento general del ser humano que el amor, porque el miedo quiere adivinar quién es el otro, qué es lo que puede, qué es lo que quiere.

Alberto, ¿para cuándo la próxima?
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Desóxido

lunes, 22 de junio de 2009

El estatus en El placer de la lectura

Según los geólogos la epirogénesis es el crecimiento centímetro a centímetro de una cordillera a lo largo de millones de años. De acuerdo con esa descripción El Estatus es un libro epirogénico. Sepan por qué.

Cada frase, cada página, cada escena y situación sirve para ir acumulando poco a poco intriga, suspense, inquietud y perturbación a todo el relato. La escasez de personajes, únicamente seis en total, y un solo lugar en el cual se desarrolla todo, el portal de Schmelgelme 34, crea una atmósfera claustrofóbica y asfixiante que nos envuelve hasta ahogarnos por completo e hipnotizarnos de lleno.

La extraña relación madre-hija de Clara y Clarita, la fobia de la madre a salir a la calle, el portero de la finca, Jesualdo mudo y servicial, el administrador de fincas Ichvoltz y la criada, se combinan con las voces en off de quienes parecen ser de nuevo la madre y la hija comentando su vida mientras se visualizan actuando.

Nos produce una desazón tremenda desconocer multitud de detalles que se nos ocultan, ignoramos todo sobre el marido ausente, sabemos poco o nada de los demás vecinos, el origen de los demás personajes y los ruidos, roces o desapariciones aumentan nuestro nerviosismo centímetro a centímetro, hasta crear una montaña de sentimientos tenebrosos que sabemos que acabarán mal.

Alberto Olmos ha conseguido subyugarnos con una novela densa, profunda y psicológica hasta ser compulsiva. Incluso es una novela capicúa. Nada produce más temor que los miedos y fobias que tenemos y que Olmos sabiamente combina sin ningún efectismo comercial para regalarnos un relato del siglo veinte(?) fuera de ubicación que nos hará levantar la vista del libro muchas veces y preguntarnos hacia donde nos lleva. Un logro exquisito.

Nos ha gustado mucho: El subir gramo a gramo la intriga
Nos ha gustado menos: Rendirnos ante un relato tan genial

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El placer de la lectura
En facebook
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Se agradece.

miércoles, 10 de junio de 2009

¡Dispara!

Prolegómenos de la entrevista con Juan Suárez, de La Libélula.

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Leyendo durante el spoken word del Festival de las Artes. (Fotos: Luis A.)

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Encuentro casual con P., que disparó nada más verme (le entiendo). El resultado: una foto natural, donde no, no toco las castañuelas, sino que hago ese gesto tan siglo XXI que es quitarse los auriculares para atender al mundo. Me encanta el color de la imagen. Pincha para verla más grande (mucho).

sábado, 6 de junio de 2009

miércoles, 3 de junio de 2009

La libélula, Radio3, este viernes

El programa La libélula, de Radio3, se emite este viernes día 5 de junio desde el Festival de las Artes de Salamanca.

He sido invitado a participar en él para hablar del volumen Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder.

Hora: 15.00.

jueves, 21 de mayo de 2009

El estatus (cubierta)

update 1 de junio:

El libro ya está en la caseta de Lengua de Trapo en la Feria del Libro. Número 319.


Alea jacta est.
...
update: 25 de mayo.
Acabo de enterarme del "secreto" de la fotografía que ilustra El estatus. ¡Me encanta! Me muero de felicidad. Supongo que Vila-Matas lo pillaría a la primera...
La fotografía es de Paco Gómez (colectivo No photo).

martes, 19 de mayo de 2009

jueves, 14 de mayo de 2009

El estatus

Hoy me leí El estatus en pdf. Aunque son sólo 164 páginas, tardé tres horas y media.

Da miedo leer lo que uno mismo ha escrito. También da un poco igual: enseguida el libro se enfrenta al lector, y resulta indiferente quién lo ha escrito.

Leer tu propia novela no es como jugar al ajedrez contigo mismo: es como jugar al ajedrez con tu hijo.

El caso es que El estatus me ha gustado mucho, gracias a Dios. Es una novela intensa, dramática, de puro personaje. De mujeres.

Sí.

Las mujeres de El estatus me han encantado. "Esta novela tiene algo que no tenía ninguna tuya anterior", dice el hijo de puta de mi editor, "buenos personajes femeninos".

Y tiene lo que tienen todas: deseo.

Es una novela sobre el deseo y la posesión. Es decir, una novela sobre el poder.

martes, 12 de mayo de 2009

La chica de ayer

Cuando suena “La chica de ayer” respiras hondo y enciendes un cigarro. Significa que te vas. La función ha terminado, y tanto si ha salido bien como si la ginebra estaba aguada, no se admiten reclamaciones, amigos. Suena la canción y la cantas con las únicas fuerzas que te quedan. Te sorprende que todavía estés en pie y no te hayas desmayado de puro sueño y cansancio. Observas a la gente y buscas alguien con quien tomarte una última copa al salir. Una chica a la que dejar en casa cuando amanezca.

No encuentras a la chica del brugal con limón y observas cómo aquella del pelo corto que te atravesó con su sonrisa mientras le aceptabas el dinero, se besa largamente con el tipo alto y tatuado de la gorra. Un tipo con suerte piensas. Un tipo con demasiada suerte. Sigues buscando alguien a quien ofrecerle el último chupito antes del cierre, pero las gemelas ya se han ido y te irás solo a casa.

“La chica de ayer” suena con la ternura de las canciones que ya estaban escritas antes de haberlas escrito. Recuerdas que mañana será un día duro, que apenas te quedan horas para dormir, que tienes hambre y una carta de rechazo por abrir encima de la cama. Entonces sientes esa ligera depresión que te da la barra en noches como esa.

El próximo viernes dedicaré “La chica de ayer” a todos esos chicos que guardan un sueño detrás de la barra. A los que te sirven el cortado, amables y sencillos, después de haber sido vapuleados en un casting horas antes. A todos aquellos que no pueden evitar pensar en ese guión a medio terminar mientras te toman nota de la comida. A las chicas que esconden sus zapatillas de ballet detrás del friega platos. A todos los que tienen ganas de salir corriendo y buscar algo mejor ahí fuera, lejos de la cafetera y la máquina de hielo. A los que se sienten viudos si no le presentas a la chica de las pecas, los que al salir siempre tienen algo que hacer, los que lucen ojeras antes del examen, los que olvidan el número de la mesa pero no el nombre de su personaje, los que caminan con los mismos zapatos desde que aprendieron a caminar, los que saben rimar la palabra oscuridad, los que miran las copas de vino antes de servirte el Ribera, los que coleccionan cicatrices orgullosos y sobre todo a los que les resuenan todavía en los tímpanos el portazo que les dieron en Abril. Cantaré la canción y me acordaré de ellos, de vosotros, de los camareros pluriempleados que duermen planchando el curriculum bajo la manta.

"Un día cualquiera no sabes qué hora es…”

No existe mejor final para el principio de una canción.

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Uno de mis textos favoritos de Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder. Obra de David Capón / Supercrisis.

Antonio Vega murió hoy.

domingo, 10 de mayo de 2009

Spoken Word sobre Algunas ideas... en Salamanca

El 5 de junio participaré en el llamado Festival de las Artes en la Casa de las Conchas de Salamanca con una lectura moderna (=spoken word) de textos extraídos de Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder, esa novela ya fundamental en la historia de la literatura del presente siglo.
Ejem.
Mi amigo Luis A. se ha animado a venir conmigo a poner la música lo suficientemente alta como para que no se note que estoy temblando.
Informan sobre el Festival aquí.

jueves, 7 de mayo de 2009

París

Me voy unos días a París. En primera clase, por supuesto. Al Hilton, of course.

No miraré mi mail ni podré aprobar los comentarios. A lo mejor dejo a alguien (un secretario, evidentemente) encargado de esa tarea.

Hoy me comunicaron las ventas de El talento de los demás en bolsillo. Quiero dar las gracias personalmente a las 56 personas que lo han comprado. Gracias, personalmente.

Están en Ldt ultimando El estatus. Como siempre, dudas con la portada. Me quedo con la frase de Fernando Varela:

Para que le guste a Alberto tiene que ser sexy.

martes, 5 de mayo de 2009

Tatami ya tiene actores

Olga y Luis
AINARA ARNEDO / GORKA AGINAGALDE

Podéis ver toda la información disponible sobre la adaptación aquí.

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Un reflexión: entre la obra de teatro, Algunas ideas..., El estatus, En las ciudades y otras cositas más supongo que doy la impresión de estar muy ocupado.
La realidad: no hago nada en todo el santo día.

domingo, 3 de mayo de 2009

Drac Party: todo lo que siempre quisiste saber sobre el mundillo literario

(...) I em sorprèn veure l`hikikomori Alberto Olmos, finalista de
l`Herralde l`any que guanyà Bolaño, i que va de verge incorruptible. En realitat, sospit que deu molar-li el sadomaso: fa dos dies digué a na Cristina Fallarás que, sincerament, no li interessava la seva conversa, abans d`abandonar-nos a n`Ana S. Pareja, na Carol París i a mi per ser males amfitriones. No el satisférem. O sí, perquè aquí el tenim.

Lo que puede venir siendo:

(...) Y nos sorprende ver al hikikomori Alberto Olmos, finalista del Herralde el año que ganó Bolaño, y que va de virgen incorruptible. En realidad, sospecho que le debe de molar el sadomaso: hace dos días le dijo a Cristina Fallarás que, sinceramente, no le interesaba su conversación, antes de abandonarnos a Ana S. Pareja, a Carol París y a mí por ser malas anfitrionas. No le satisficimos. O sí, porque aquí le tenemos.

El Mundo Catalunya, Tendencias, Página 9, sección Plexiglás, columna Porno per a tothom a l `orgia de la Drac Party, de Llucia Ramis. 30 de abril.
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Y básicamente esto es el mundillo literario.

martes, 28 de abril de 2009

Memories can´t wait

anotaciones

La ida, con MGA. Hablamos. Miro a mi izquierda. Una chica lee sola. Miro el libro, reconozco que es de Lengua de Trapo. Me fijo en el borde de la solapa. Digo: Ese libro es mío. Azul con manchas blancas: Tatami. La chica levanta la vista (está a menos de 1 m de distancia de nosotros): Sí, es tuyo. Nos cuenta: me he sacado el libro en la biblioteca de Usera y me he dicho me voy a La ida a leer que seguro que me encuentro con Alberto Olmos. Yo: No vengo mucho por aquí. Ella: Ni yo. Yo: Ah. Ella: Voy a seguir leyendo. Yo: Ok.

Ella sigue leyendo mi libro a menos de 1 m de mí.

Media hora después se levanta y recoge sus cosas. Yo: ¿Te vas? Ella: Sí, ya me lo he acabado. Yo: Qué velocidad. Ella: Me ha gustado mucho, aunque he visto dos erratas. Yo: ¿Eres filóloga? Etc.

Se va.

MGA y yo hablamos de nuestra fama diminuta.

Cenamos en El Maño.

Horas después, en el Jose Alfredo, le digo a MGA: Ese es David Byrne. MGA: No. Yo: Sí, sí, es David Byrne. Antes hemos visto a Pablo Carbonell y hemos estado de acuerdo en que era Pablo Carbonell. Pero con David Byrne es más difícil creérselo.

Yo: Se lo voy a preguntar. MGA: Venga.

Yo (a David Byrne): Are you David Byrne?
David Byrne (a mí): Yes.
Yo (a David Byrne): Thank you.

Yo (a MGA): Es David Byrne.
MGA (a mí): 5.000 puntos para cada uno.

Nos encantan los famosos.

lunes, 20 de abril de 2009

Nota GPS

Como odio viajar, y my logic is undeniable, me voy a Barcelona sin más.
Y luego a París.
Sin más.

sábado, 18 de abril de 2009

Reseña de Antonio J. Rodríguez para El Día Cultural

Bajo la coordinación y supervisión de Alberto Olmos (Segovia, 1975), Caballo de Troya ha decidido subirse al tren de los recientes ejercicios narrativos estrechamente ligados con el hipertexto, Internet y las nuevas tecnologías. Una tradición que encuentra sus orígenes allá por 1990 con la publicación en Eastgate de ‘Afternoon, a Story’, novela de Michael Joyce —«el Homero del hipertexto», como de él dijera la publicación alemana Der TAZ— fervientemente defendida por Robert Coover; y que para el caso español ha generado ficciones más o menos rupturistas como puedan ser el relato de Jordi Carrión de 2007 que lleva por título ‘Búsquedas’ (apócrifas entradas en Google cuyo objetivo es el trazado de pasadizos entre Andalucía y Cataluña), o esa otra novela inicialmente publicada como entradas para un blog compartido y posteriormente editada con el —acaso petulante— nombre de ‘Hotel Posmoderno’ (2008).

Lo que Olmos propone en ‘Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder’ pasa por una provocación al concepto de lo literario, pues a diferencia de ‘Hotel Posmoderno’, las entradas de los distintos blogs aquí recogidos no fueron escritas con el objeto inicial de su aparición en papel. En palabras del autor de ‘Tatami’, y siguiendo cierto postulado estético según el cual la literatura deviene expresión perversa de la sentimentalidad en tanto que entronca con unas formas prefiguradas, los blogueros que alimentan las piezas del libro constituyen «un puñado de voces sin excesiva ambición literaria pero, quizá por eso, cargadas de honestidad». Ergo, precisamente por ello, sería errado pretender aplicar una metodología crítica convencional aquí, dado que aquello a lo que nos enfrentamos no es literatura en un sentido estricto (o lo que es igual, sus autores no parten con una voluntad explícita de ser catalogados bajo esta etiqueta), sino más bien cierta conjunción de piezas netamente confesionales, las más de las veces salpicadas de desaliento y rabia típicamente urbanitas: razón suficiente para poner de muy mal humor a quienes decidan decodificar ‘Algunas ideas buenísimas...’ como un signo más de la colonización cibernética (los ratos muertos que ello implica, así como su capacidad para atraer información basura) sobre esa otra cultura condenada a elevar el estado del alma.

Habida cuenta del actual debate reabierto en torno a la ontología de los géneros, sorprende el gesto de la editorial de no presentar el libro como novela fragmentaria, sino solo como novela (sin ninguna otra etiqueta) cuyo argumento descansa en la «existencia en medio del desierto», por lo que en todo caso convendría ser clasificada como «novela conceptual». También hay en ‘Algunas ideas buenísimas...’ auténtico compromiso con la actualidad en esa tentativa de Olmos por convertir en género literario los estados en Twitter, o en prosa los spam de mendicidad electrónica desde supuestos países tercermundistas. De igual modo conviene destacar la profusión de ideas acertadas provenientes de voces anónimas, siempre a través de idiolectos ingeniosos, relajados, cínicos y epigramáticos como eslóganes; a saber: «todos querríamos que nuestras tonterías fueran leídas por una cantidad ingente de desconocidos pero nunca por nuestro círculo cercano» (Supercrisis), o «—¿diferencia entre follar y hacer el amor? Yo, si sudo, es que estoy follando (María G. Abril). Por último, especial interés merecen las voces de los blogueros Supercrisis y Eritrea, quien a través de sus disertaciones sobre el patetismo universitario recuerda sospechosamente —aunque en una versión mucho más ligera (en efecto, menos ambiciosa)—, a aquel brillante Alberto Olmos de ‘A bordo del naufragio’.

Link

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Nota personal: tengo la impresión de que sigo escribiendo para que me digan que mi primera novela era mejor...

viernes, 3 de abril de 2009

Algunas ideas... en Mondosonoro (scaneado)


El MondoSonoro de Abril saca una entrevista sobre Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder. Las fotos que ilustran el artículo son difíciles de ignorar (+18).

Gracias por lo de "nuestro escritor favorito".

martes, 31 de marzo de 2009

Libro, música, yoga

Hoy empiezo yoga.

Libros. Me leí con inmenso placer:
-Diarios, de Léon Bloy.
Leí con placer:
-Coda, de Esther García Llovet.
-El hermano de las moscas, de Jon Bilbao.
Leí con interés:
-La evolución del deseo, de David M. Buss.
Dejé de leer o leí en diagonal:
-El fin de Alice, de AM Homes.
-Teatro, de Thomas Bernhard.
Tengo pendiente de leer:
-Sub-máquina, de Esther García Llovet.
-Camino de ida, de Carlos Salem.
-Como una historia de terror, de Jon Bilbao
(trío de libros cortesía de Salto de Página)
y
-Testo yonqui, de Beatriz Preciado.
-Sexualmente hablando, de Gore Vidal.
-Relaciones y soledades, de Arthur Schnitzer.
y me tendré que leer de una vez (estoy harto de oír hablar de ella):
2666, de Roberto Bolaño.

Música. Me bajé discos de: AC/DC, Eminem, Love of lesbian, Röyksopp, Sobrinus, Saint Etienne. Canciones que escucho especialmente en estos días: Killing in the name of, de Rage Against the machine, Edad legal, de Columpio Asesino, You are the everything, de REM, El monstruo nunca duerme, de Julio De la Rosa, Wego, de Eminem y You are the one for me Fatty (con 3 kilos de más), de Morrisey.

Hoy empiezo yoga.

lunes, 30 de marzo de 2009

Un buen día

Ministerio del Interior - Dirección general de la policía y de la guardia civil. Cuerpo Nacional de Policía. Comisaría de Centro.

Instructor: 777773 Atestado nº: 20073
Secretario: 0 Dependencia: Comisaría de Centro

En Madrid, siendo las 11 horas 14 minutos del día 28 de Marzo del año 2009, ante el instructor y secretario arriba mencionados.

COMPARECE: En calidad de DENUNCIANTE, quien mediante documento extranjeto nº 8..., acredita ser Alberto OLMOS, país de nacionalidad ESPAÑA, varón, nacido en SEGOVIA, el día 14/01/1975, hijo de P y M, con domicilio en la calle..., exterior izquierda, de MADRID, teléfono 636... y:

MANIFIESTA: Que denuncia la sustracción, ocurrida a las 22.00 horas, del día 27/03/2009, en METRO Estación, de Madrid. Que personas desconocidas han sustraído su cartera, con todo lo que en su interior contenía abajo reseñado, propiedad del denunciante, del interior de un bolso que portaba colgado del hombro, sin percatarse de la maniobra de sustracción.

RELACIÓN DE OBJETOS SUSTRAIDOS:
Una cartera de piel, de color marrón claro, portando: DNI Nº 34..., tarjeta sanitaria de la Seguridad Social, una tarjeta bancaria de X, 70 euros en efectivo y diversos efectos personales.
El denunciante valora los objetos en 100 euros.

Que no tiene más que decir, firmando su declaración en prueba de conformidad, en unión al Instructor. CONSTE Y CERTIFICO.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Grupo en Facebook de Algunas ideas

Grupo.

(Por cierto, no tengo ni he tenido nunca un perfil en Facebook, por si alguien quiere saberlo. No me gusta.)

jueves, 12 de marzo de 2009

Algunas ideas... en Desóxido

(Extracto)

El hijo de mileurista clasifica Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder en la sección cuentos porque confunde “publicado por pajero” con Chejov y compañía. Compañía: Gorki, Bunin, Korolenko, Bábel, Tolstoi, Petrov, Tess y Paustovski. Compañía de pajero: Capón, Franco, María García, Nuño, Diana, Nuño, Eritrea, Nuño me mola. Y Cristina Gil y Rubén León, Manchado, Luna, Alhambra, Ponce y Violeta. Ferrán, no me gusta el diseño de la portada.

Link

miércoles, 11 de marzo de 2009

Libros, música, cine, etc.

Me aburro y me apetece listar cosas. Hace tanto que no escribo que ya no sé. Así que mejor unas listas.

LIBROS

Ayer en la fnac me compré: La puta de Babilonia, de Fernando Vallejo, Catedral, de Raymond Carver, La virgen de los sicarios, de Fernando Vallejo, Helada y Correción, de Thomas Bernhard. Todos en bolsillo. 3 de ellos son para regalar.

Estoy indignado con la fnac porque ha puesto Algunas ideas en la sección de cuentos. ¡Vamos, hombre!

Me he sacado de la biblioteca: El arte de tratar a las mujeres, de Arthur Schopenhauer; Relato soñado, de Arthur Schnitzler; y Este libro te salvará la vida, de A. M. Homes.

Tengo pendientes: After dark, de Haruki Murakami; Materia prima, de Francesc Serés; y Represalia, de Gert Ledig. Y Coda, de Esther García Llovet.

Me leí: Los jardines de Salomón, de Liliana Lara. Y otros libros que no me acuerdo porque los dejé a la mitad.

MÚSICA

Me he bajado últimamente: Kaka de luxe, La mode, Glutamato yeyé, Loquillo, La edad de oro del pop español, T-Rex, Iggy Pop, Muddy Waters, New Order, Triángulo de amor bizarro, Art Brut, The Black Crowes, Devo, Elvis Prestley, El Gincho, Ilegales, Jefferson Airplane, Morphine, Tarántula, The Stooges.

La canción que más escucho ahora es: Somebody to love, de Jefferson Airplane. También escucho bastante: Pero me aburro, de Kaka de Luxe y Pero qué público más tonto tengo de Kaka de Luxe. También: Heil Hitler, de Ilegales y La mataré, de Loquillo.

El único blog que sigo, en diagonal, de todo Internet es: Jenesaispop.

CINE

Acabo de verme otra vez Million Dollar Baby, 9/10. Y vi en el cine Gran Torino, 5/10.

Me he sacado de la biblioteca: El manantial de la doncella, de Ingmar Bergman, Arroz amargo de Giuseppe de Santis, y Dementia 13, de Francis Ford Coppola.

MADRID

Volví al Bandido y al Pepe Botella. También a la tetería de la calle Minas, que ahora se llama Picnic y es un poco horrible y demasiado para niñas. Estuve en el cafe La Palma y en el Café sin nombre. Estuve en la calle Argumosa. Traté de entrar al Delic pero había cola. Fui al cine Cuatro Caminos.

Envié infructuosamente mensajes con el subtexto: me apetece estar solo.

Hoy he quedado, mañana he quedado; el 18 o así voy al concierto de Los punsetes, Nudozurdo y Triángulo de amor bizarro.

Tonterías.

sábado, 7 de marzo de 2009

Algunas ideas... en El confidencial

La literatura debe reinventarse constantemente, como Osiris, divinidad solar que moría cada día para renacer al siguiente. De igual modo, la novela lleva muriéndose más de un siglo, pero reaparece constantemente con formas nuevas, de tal modo que debería incluirse en su definición su carácter de ave fénix. Aunque, en realidad, la novela, la literatura en general, goza de buena salud; es la teoría la que, no pudiendo seguirla, la declara muerta y al fin debe reconocer que está viva y debe reconstruir sus doctrinas con los nuevos materiales: tarde, porque la novela, la literatura, ya ha mudado y viste plumajes nuevos.

En el guardapolvo de Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder, nuevo trabajo de Alberto Olmos -de quien ya hemos reseñado aquí Trenes hacia Tokio, El talento de los demás y Tatami-, aparece una bomba a punto de explotar (simula el mensaje de error de un Macintosh). Esa bomba es la que golpea a la teoría, que tendrá que enviar a sus TEDAX a desactivar este engendro que no se sabe si es literatura, ni quién es su autor; no es identificable la trama, ni el estilo. De lo que es la novela tradicional sólo podemos reconocer la existencia de unos personajes que, de todos modos, no tienen más relación entre sí que el medio donde publican sus textos, internet. Porque Alberto Olmos ha compuesto una novela de la que sólo ha escrito la Nota y los Créditos, y el material narrativo lo ha copypasteado de internet.

¿Quién es el autor? (Alberto Olmos respondió a esa pregunta solicitando una foto de grupo). Autores son todos, y el resultado es común. No se puede, como en un libro de cuentos colectivo, desgajar a uno de los autores y evaluarlo de manera independiente. La autoría de Olmos ha consistido en un entretejer textos que no son propios para componer un fresco coral –con la técnica evidente del collage- que es casi una novela-río, si bien internet es más un océano (pero hasta los océanos tienen sus ríos), donde el curso central es el ordenador de Olmos, en donde confluyen los diversos arroyos y corrientes. De algún modo es una actualización de La colmena, con una serie de personajes que discurren en paralelo, sin llegar ahora a rozarse.

Olmos ha concebido la obra “del texto a la textura”: lo que ha buscado es dotar de textura web a las historias de los personajes Eritrea, Supercrisis, Jeepster o el propio Olmos, que son personajes porque su existencia es digital y, ahora, de papel -Olmos entra en la novela a través de los correos electrónicos de su amigo Héctor-. Aportan texturas los textos robóticos, el spam, la nube de tags que copia o la encuesta de la bitácora Moleskine literario. Así pues lo relevante de esta novela no es el estilo, aunque no es indefinible, sino la textura y la estructura. Una estructura que obedece, como confiesa el editor en la Nota, a una “sana anarquía” y a su “curiosidad emocional” -no es difícil reconocer las semejanzas entre la amargura de Eritrea y la del protagonista innominado de A bordo del naufragio, la primera novela de Olmos-. El material lo ha ordenado (su “confesión de cookies”) partiendo de su propio blog, Hikikomori, y progresando “en círculos concéntricos”, como un DJ, inspirándose en el trabajo musical de The Avalanches, grupo australiano que compuso en 2000 el disco Since I Left You a partir de samples de muy diversos artistas (estrategia que copió luego Craig Armstrong para la banda sonora de Moulin Rouge).

Son textos provocadores, de una rebeldía a la antigua usanza, la que tatuaba con espray el desasosiego existencial o el rechazo profundo a las convenciones políticas y sociales en las paredes de la ciudad antes de los ridículos grafos. Es rabia desatada, que “es lo que promueve internet”. Es literatura en un estadio adánico, original (y por tanto es auténtica, no mera imitación del hipertexto). Muchos de estos materiales son los que, tradicionalmente, el escritor reelabora luego para dar lugar al relato común. Aquí quedan expuestas sus entrañas, como un Centro Pompidou literario. Son textos que obedecen a la necesidad íntima de expresión, la que siempre ha impelido a los escritores. Y de ese modo enlazan con la tradición.

¿Es literatura? Algunos ejemplos del libro lo son claramente, o tienen antecedentes claros en el diario, la columna periodística, el relato tradicional o la poesía. Otros, como los tweets o los SMS, quizá están más alejados de lo que comúnmente se entiende por literatura. Es el conjunto lo que resulta ser decididamente literario; pues no siempre el material que compone la obra literaria lo es, y sin embargo no cabe duda del carácter del producto final. Aquí es difícil desentrañar lo referencial, lo puramente literario, sin que importe realmente eso: “Lo literario está en el papel donde se imprime”. Lo que queda a quien lea Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder es que en internet puede encontrar literatura valiosa; aunque, de momento, el papel sigue dando prestigio (homologando, según Constantino Bértolo, editor de Caballo de Troya). A ver cuánto dura eso.

LO MEJOR: que algunas de estas ideas no se van a perder.

LO PEOR: ¿no traiciona al espíritu de internet el hecho de fijar los textos en papel?

LINK

miércoles, 4 de marzo de 2009

Algunas ideas, en Calle20

El número de marzo de Calle20 dedica su sección Galeradas a Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder. Podéis verlo aquí: link.

Pondría el pantallazo, pero no sé subir pdfs al blog.

viernes, 27 de febrero de 2009

En las ciudades, de Hilario J. Rodríguez


«Imagina que estás viendo una película ambientada en Nueva York a finales del siglo XX. Una de las secuencias muestra a un matrimonio hablando de forma despreocupada. Son Tom Cruise y Nicole Kidman. Él de pronto asegura conocer a las mujeres, en general; y a ella ese comentario le molesta. “¿Te acuerdas del último verano en Cape Cod? Estábamos alojados en un hotel y desde la ventana de nuestra habitación podíamos ver las olas rompiendo sobre la arena de la playa. ¿Recuerdas que una de las noches, mientras cenábamos, había tres oficiales de marina sentados cerca de nosotros? Uno recibió un telegrama y tuvo que irse. Pero quizás no le prestase. Yo lo había visto antes, subiendo las escaleras esa misma mañana. Al cruzarme con él, me detuve unos instantes. Dos días después de la cena, Helena fue al cine con una amiga y nosotros hicimos el amor. Aunque luego comenzamos a hacer planes y yo me reía, sólo pensaba en el oficial, pensaba que si aquel hombre me hubiese pedido que me fuera con él una noche os habría abandonado a ti y a Helena sin dudarlo, una noche habría sido suficiente…” Ahora imagina que eres Tom Cruise y que acabas de escuchar cómo tu esposa te contaba todo lo anterior y que estás a punto de salir a la calle. Imagina si la ciudad que encontrarás es la misma de otras veces, Nueva York a finales del siglo XX, o es otra. Y recuerda que cuando abras este libro, seguramente encontrarás en él ciudades reales e imaginarias, ciudades que creías conocer y que ahora te resultarán extrañas, ciudades donde el cine se confunde con los viajes y las derivas, ciudades que estaban y ya no están.»

Pocas presentaciones mejores que ésta para En las ciudades, libro de inminente aparición, escrita para su contraportada por Hilario J. Rodríguez, colaborador de LITERARIAS, a partir de un pasaje del filme Eyes Wide Shut. Editado por la Filmoteca de Extremadura, el Festival Solidario de Cine Español de Cáceres y Notorius Ediciones, En las ciudades viene a engrosar la nómina de la ya, por fortuna, longeva colección “Versión Original”, iniciada allá por 1997 con el volumen de Ana Alonso Literatura y Cine:la relación entre la palabra y la imagen. Y lo hace proponiéndonos un sugestivo viaje por diversas ciudades que no sólo están hechas de asfalto y hormigón, historia y ficción, realidades y deseos, tinta y papel, fotogramas y celuloide… pues tales ciudades se componen, como tantas otras, de todo eso y mucho más.

De demostrárnoslo y hacernos partícipes de ello se encarga el importante grupo de autores de En las ciudades, que por orden alfabético son: Pilar Adón, Juan Bonilla, Jordi Cantavella, José María Conget, Óscar Esquivias, Esther García Llovet, José Luis García Martín, Cristina Grande, Manuel Hidalgo, Eduardo Jordá, José Luis de Juan, José María Latorre, Francesc Miralles, Alberto Olmos, Julio José Ordovás, Pilar Pedraza, el propio Hilario J. Rodríguez, Miguel Sanfeliu, Fernando Sanmartín, Care Santos, Lorenzo Silva, Francisco Solano y Nuria Vidal.

Fuente

viernes, 13 de febrero de 2009

Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder (nota del editor)

Finalmente, aprovechando que hoy ha salido el libro, copio y pego la Nota del editor que aparece al final de Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder, nota escrita por mí en calidad de antólogo y autor intelectual del proyecto.

Como puede verse, su redacción responde a un tiempo muy lejano: agosto de 2008.

El tiempo pasa y, a veces, las cosas también pasan.

Suceden.

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NOTA DEL EDITOR

Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder es una obra colectiva fruto de una impresión personal: en Internet hay mucho porno y mucha libertad, porque quizá la libertad es la pornografía del pensamiento. Esta impresión me llevó a soñar con un libro que recogiera un puñado de voces sin excesiva ambición literaria pero, quizá por eso, cargadas de honestidad. Lo literario, muchas veces, está en el papel donde se imprime.

En un principio, la idea apuntaba exclusivamente a los blogs, esos sites donde tantos y tantos aspirantes a escritor cuelgan sus creaciones para darles mayor difusión y batirse un poco con la opinión ajena. Sin embargo, analizados más en detenimiento, estos blogs netamente literarios me resultaron casi anti-internautas: no había mucha diferencia entre su contenido y el que, tradicionalmente, esperaba su oportunidad (en forma de manuscrito o mecanoscrito) en el cajón de un joven letraherido.

Primeramente, me di cuenta de que para realizar una novela a partir de Internet habría que privilegiar los textos que tuvieran más de documento que de literatura, y que la literatura que haríamos con ellos sería una literatura que no se sabe tal. Era más jugoso el testimonio del hoy (apelaciones a la tecnología y las nuevas formas de comunicación, jeremiadas y quejas sociales varias) que la calidad literaria (cuentos correctos inéditos hay muchos en la Red). Después, comprendí que antologar posts interesantes era demasiado simple, y que una obra que quisiera reflejar “lo que pasa en Internet” tenía que seguir las reglas del medio e incluir todo el paratexto con que habitualmente nos tropezamos al navegar: mails, spam, mensajería instantánea, avisos robóticos...

En esta novela, por tanto, hemos simulado navegar por Internet. Y para ello he recurrido a un gusto instintivo, caprichoso, secuencial a veces y otras arbitrario, en el que se mezclan piezas de blogs y sites que visito a menudo (este libro es, entre otras cosas, una confesión de cookies) con extractos de webs que, de no estar predispuesto a espigarlas, nunca hubiera sido capaz de localizar de nuevo.

Por ello, es interesante comentar que el trabajo de campo para poder armar este volumen había sido ya hecho, dada mi propia y habitual comparecencia en la Red, y que el mayor esfuerzo ha consistido en renunciar a la perfección estructural y lingüística en favor de una sana anarquía cuyo motor muy bien puede definirse como curiosidad emocional.

Después de esta nota incluyo los “créditos” de la novela. Quiero agradecer a los contribuidores principales (María García Abril, David Capón, Diana Nuño y Daniela Franco) su generosa y desinteresada colaboración. También reconocer las aportaciones no sólo autorales, sino sobre todo de localización de textos curiosos, realizadas por Cristina Gil y Luis Rubén León.

Finalmente, el editor de este libro, Constantino Bértolo, con su insólita despreocupación y fe ciega, me hace poder repetir lo que, en la película Ed Wood, le dice Orson Welles al chapucero cineasta sobre Ciudadano Kane: “Sólo en esa película tuve el control total”.

Alberto Olmos

Madrid, 29 de agosto de 2008

miércoles, 4 de febrero de 2009

Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder (contratapa)

Copio y pego la cuarta de cubierta, contratapa, lo de atrás de Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder .

Es un texto escrito por los responsables de Caballo de Troya, muy acertado debo decir.

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AVISO DE LECTURA

Esta, y las palabras son del que manda, no es una novela fragmentaria por mucho que lo parezca, del mismo modo que una orquesta sinfónica no es un botellón de violines ni un piano es un casting de teclas, notas y cuerdas. Tampoco es una suma de “ruidos” en busca de un brillante “sonido” narrativo. Es una novela, es decir un conflicto desarrollado a través de unos personajes, en un tiempo y un espacio, coral si se quiere, pero con un único argumento que se despliega en busca del destino perdido: cómo existir en medio del desierto, ya saben, aquello tan postmoderno de Rilke: “Quien oirá mi voz desde los órdenes angélicos” Y no se equivoquen: no se trata de autoayuda o de ayuda ajena. Aquí cada uno ha de tirar de sus propias orejas si quiere salir del pozo. Del silencio.

El narrador, que lo es aunque no haya escrito nada, caligrafía su voz propia con voces ajenas. Como un director de escena, las ubica en el momento y espacio adecuados y marca el ritmo de la réplica, de la indiferencia, del eco, del olvido y del eterno retorno del entorno. Con la red de Internet ha creado un tejido narrativo. Áspero y cálido. Incómodo si se quiere, pero hace frío y yo en su caso, mis hipócritas clientes, me lo pensaría muy mucho antes de despreciar lo que estamos ofreciendo. No diremos que es un libro necesario pero sí que estamos ante un libro “posible”.Lo que no es poco en tiempos donde lo posible parece haber sido desalojado por lo vendible. Que se venda o no ya depende de ustedes y ustedes dependen de sus posibilidades (económicas, informativas, ideológicas, gustativas o culturales). Hay sitio al fondo, pasen y lean.

viernes, 23 de enero de 2009

Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder (portada)


Ah, como veis no es la misma que aparece en las tiendas on line. Es un poco mi culpa, dado que esa portada no me gustó excesivamente y tuvieron el detalle de hacer una nueva. Esta me gusta más.

Otro detalle errado: el libro tiene 304 páginas, no 224, como figura en las tiendas on line.

Por lo demás, estoy muy contento con la edición.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Editorial Milésima


Te escribo este mail para recomendarte que visites el blog de la editorial Milésima (http://editorialmilesima.blogspot.com/). Desde ayer soy co-editor de la misma. Su carácter será literario. Este correo es, quizás, el primer cimiento de la misma. Pero para ello, nos es vital que en el departamento de lectura y corrección existan originales. El motivo de este correo es ese, que divulgues en la medida de tus posibilidades la dirección del blog entre tus conocidos escritores. Sin originales no hay edición.

martes, 9 de diciembre de 2008

Tatami al teatro, por Tantakka Teatroa

La compañía de teatro vasca Tantakka Teatroa ha adquirido los derechos de adaptación a escena de Tatami. El estreno de la obra está previsto para el año 2009.

Anteriormente, Tantakka Teatroa ha llevado a escena las siguientes obras: Todas culpables (1994) de Pere Sagristá, Chiquilladas (1995) de Raymond Cousse, El Florido Pensil (1996) de Andrés Sopeña, Todo Shakespeare (o casi) (1997) de Adam Long, Daniel Singer y Jess Winfield, Dakota (1998) de Jordi Galceran, el infantil Jugando con Papá, (1998) de Ionesco y Novecento, el pianista del océano (2000) de Alessandro Baricco.
Desde aquí le doy gracias infinitas a Tantakka Teatroa por elegir mi novela como su próximo proyecto escénico.
Es muy bonito.

jueves, 4 de diciembre de 2008

jueves, 27 de noviembre de 2008

Estoy tannn cansado... a buenas horas

Acabo de teclear en google "tatami" "alberto olmos" a pesar de los consejos de mi psiquiatra. Y veo esto.

Y lo referencio, claro. Aunque tarde.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Justicia perturbada

No me puedo creer lo de Luis García Montero.

Ahora, un juez de Granada ha estimado en una sentencia que tales palabras sólo tienen un sentido: «El insulto y la descalificación gratuita». Y esto, dice el juez, no está amparado por el derecho constitucional a la libertad de expresión. Por ello, estima las tesis de Fortes y condena al poeta granadino al pago de una multa de 1.825 euros por el citado delito. Además, fija una indemnización de 3.000 euros por los daños morales causados a la víctima.



Update: Otras opiniones (contundentes)

lunes, 10 de noviembre de 2008

Los jóvenes no son rentables

Reportaje en Público sobre la generación nacida en los primeros ochenta y sobre su poca presencia literaria.

Lo suscribo, claro. En la versión en papel se incluye un artículo de opinión mío sobre el asunto.

lunes, 20 de octubre de 2008

Click, de Javier Moreno (presentación)

El próximo jueves día 23 de octubre, a las 19.00 horas y en la librería La Central del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid), se presenta la obra Click, de Javier Moreno.

La presento yo, en concreto.

Ésta es la cubierta de su novela, publicada por Candaya.

sábado, 4 de octubre de 2008

¡7 euros!

El talento de los demás acaba de salir estará disponible en noviembre en edición de bolsillo. Lo publica Punto de lectura y sólo cuesta 7 euros.

Todos los libros deberían costar 7 euros.

Esta es la cubierta.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Viaje maravilloso al interior de la soledad

El novelista y exprofesor de español para japoneses Alberto Olmos no ha tenido un aterrizaje brusco en el planeta literario, del estilo de Nocilla Dream o Llámame Brooklyn, pero con ya cinco novelas a sus espaldas es uno de los `jóvenes narradores´ –ese concepto tan laxo– más sólidos y reconocidos de nuestro país. Si con A bordo del naufragio resultó finalista del prestigioso premio Herralde, su consagración llegó hace dos años con Trenes hacia Tokio, donde plasmaba sus experiencias niponas tras tres años de permanencia en el país del sol naciente. Luego llegaría El talento de los demás, su novela más ambiciosa y conseguida –aunque sin el encanto de Trenes– y que logró gran aceptación entre la crítica.

La presente novelita, o novela corta por su extensión y características, cuenta una anécdota simple y en apariencia anodina: una recién licenciada –Olga– vuela a Japón para impartir allí clases de español y su compañero de asiento –Luis–, que casualmente hizo muchos años el mismo viaje –¿iniciático?–, decide contarle su historia, que le revela como un voyeur perturbado y grumoso, aunque en esencia inofensivo. Sin embargo, cada página ahonda más y más en la psicología de Luis, pues el voyeurismo es sólo un canal para llegar al fondo, los mecanismos basales del sexo y la radical soledad del ser humano, el caldo primigenio del que surge todo lo demás.

Y es que Tatami, de concepción sencilla, de ambición moderada, no puede evitar erigirse sobre unas profundas raíces que ya germinaron en la obra anterior de Olmos. Luis, el protagonista de esta historia es muy similar en cuanto a su soledad radical a los aturdidos antihéroes de A bordo del naufragio y de Trenes hacia Tokio, y Olga no es muy diferente; es también una solitaria, que se ampara en su responsabilidad y su enorme busto para guardar las distancias –de ahí su virginidad, que espera perder en el Japón, donde nadie la conoce y donde espera no arraigar–.

Olmos despliega su talento de narrador, su profundidad y oficio de gran escritor y Tatami, como el bolso de Mary Poppins, contiene mucho más de lo que a simple vista cabría imaginar. Se puede entender además como una reflexión metaliteraria, sin abandonar las formas y recursos del relato tradicional, por cuanto podemos experimentar el poder cautivador de la ficción bien urdida –pues Luis es un consumado narrador–. De nada sirve a Olga repetirse una vez y otra que no quiere oír más, que no le interesa lo que Luis le está contando, que su desprecio es demasiado intenso. Al final, sigue reclamando su relato y queda atrapada en él a más largo plazo de lo que es capaz de imaginar. Las experiencias de Luis la han contaminado ya irrevocablemente: es el poder de la palabra, el poder de la narración.

LO MEJOR: la capacidad sugestiva del relato.

LO PEOR: no es difícil perder el interés en las primeras páginas.

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Nuño Vallés, El confidencial

jueves, 25 de septiembre de 2008

Más noches blancas

El próximo lunes día 29 de septiembre, a la hora habitual (que desconozco) y en la cadena habitual (Telemadrid) se emite el programa de Las noches blancas dedicado a Japón. Participé, como podéis temer.

Reconozco que no estuve muy fino. :-C

lunes, 22 de septiembre de 2008

Vagón

Queda claro que algo pasa cuando el pánico, como una electricidad escalofriante, me une a ellos.

Estoy en el quinto, el sexto, quizá el cuarto vagón del convoy. El tren se ha detenido en mitad de un túnel. A ambos lados del vagón, por las ventanillas, todo está oscuro. No pasan trenes. El tiempo, ahora, es la angustia.

El vagón está lleno de gente. Si un vagón tiene todos sus asientos ocupados, y algunas personas de pie, con la mano en la barra, la espalda contra un panel, contra las puertas que en las paradas se abren, contra las puertas que en las paradas no se abren o, finalmente, no asidos ni apoyados en nada, puede decirse también que el vagón está, más o menos, lleno. La plenitud de este vagón supera eso; la plenitud de este vagón sólo admite la palabra “saturación”. Los pasajeros saturamos el espacio del vagón: no cabe un calcetín más, no caben más maletines ni más mochilas escolares; no cabe ni siquiera nuestra propia respiración.

Yo estoy contra la pared que cierra el vagón. Tengo una puerta, cerrada, a mi espalda. Delante, un pareja de orientación hippy, con mochilas montañeras en el suelo. Él, moreno, de pelo largo, con barba; ella, rubia, algo ajada por los años y la maría, con falda de flores, de mucho vuelo. Su culo, inevitablemente, se pega a mis manos, que sujetan mi cartera sobre mi vientre. A mi izquierda, igualmente apoyado contra la pared que cierra el vagón, hay un joven, quizá universitario, adormilado. Él soporta la presión de unas mujeres de edad avanzada, mujeres repetidas, siempre presentes en todos los vagones que me llevan al trabajo, mujeres que se apean en Manuel Becerra o Diego de León, mujeres que hablan de sus hijos todo el tiempo, de operaciones, de deudas impagadas y de lo que cenaron anoche. Siempre.

A mi derecha, una pareja muy elegantemente vestida. Ella no para de hablar. Es guapa, ordinaria, huesuda de rostro, un cuerpo de culebra y ropa oscura, ceñida. Tiene detrás un hueco, la promesa de una conquista de espacio que nos afloje a todos un poco; no es así: detrás de ella, una mujer ecuatoriana defiende su pequeña anatomía del aplastamiento. Está en la esquina del vagón, apenas se le ve el flequillo. Todo el aire que le sobrevuela, ese apetitoso montón de oxígeno, parece la bolsa de la que todos nos nutrimos.

Todos. Todos son las cabezas, las manos, los codos, las mangas del abrigo; todos es el nombre de lo que no me toca, de lo que no son mis vecinos de encierro, de ese cuerpo sucesivo, continuado (el hombre: animal continuado) que se proyecta hacia el otro extremo del vagón, sin nombre, sin destino (parados en mitad del túnel más oscuro de nuestra vida), implacablemente sometidos a este embotellamiento de carne, a esta tortura del viernes: no nos movemos, no sabemos por qué no nos movemos, no sabemos el minuto que nos espera.

Han sido quizá diez minutos, el paso de diez minutos, el que han conseguido que sepamos que somos masa. Somos, básicamente. Ahora, conscientes de la situación de peligro, del compromiso de supervivencia, el individuo ha conocido al otro, ha reconocido la necesidad de agrupamiento, de redefinirse en este espacio y este tiempo (un vagón parado en el túnel más oscuro) y, consecuentemente, ha buscado comunicación.

El primero en hablar comenta lo recurrente de estas averías. Otro especula, critica, pide que el tren se detenga en una estación, no en mitad de la nada. Una mujer explota, grita que dejen de apretarla, que le están haciendo daño. Otra mujer pide que la gente se quite las chaquetas, que el calor es insoportable, y el olor; que se quiten ropa. Le contestan: “¡Si ni siquiera podemos movernos!” Un hombre dice: “Supongo que abrirán las puertas antes de que nos ahoguemos!” Otro hombre replica: “Antes de que nos ahoguemos, las puertas las vamos a abrir nosotros.” Un joven habla de lo que hay que hacer luego, cuando salgamos. Reclamar. Otro indica que reclamar lleva tanto tiempo como el que perdamos aquí, o más. Apunta una chica que ella tiene que recuperar las horas que pierda, que no va a reclamar para luego estar todo el puto viernes trabajando hasta las seis. Uno contraataca afirmando que él se va a ir a las 3, pase lo que pase. Luego alguien, afásico, apoyado contra una de las puertas laterales del vagón, golpea con la nuca, dos veces, violentísimamente, el cristal.

Por megafonía se escucha una conversación que no va dirigida a nosotros. Dice: “Desaloja el tren. Di a los viajeros que abandonen el tren y sigue hasta cocheras” (corte) “Sí, haz eso.” (corte) “Si no puedes controlar el tren, vuelve a cocheras” (corte) “Tranquilo. Tranquilo.” (corte) “De acuerdo, espera, vamos a mandar a alguien en media hora. Seguridad estará allí en media hora. Espera.” (corte)

No se oye nada más. Seguimos parados, apretados, oscuros. De vez en cuando alguien dice algo gracioso. Reímos. Algunos, reímos, sonreímos al menos; otros no. De pronto, notamos que el aire acondicionado se apaga. Exabruptos, juramentos, frases obscenas contra el conductor.

Hijo de la gran puta.

Se nos ha acabado el sentido del humor. El cuerpo duele. Estar de pie nos está costando a todos mucho, como si no pudiéramos afrontar, físicamente, estar de pie sin saber por qué. Ahora, además, empiezan a sonar unas campanillas. Su sonido es el de la emergencia. Del otro vagón llegan ruidos de golpetazos en las puertas, algunos gritos ahogados, y las campanillas, histéricas, correosas, como pequeñas ratas coloradas, tica-tica-tica-tica...

Y es ahí, exactamente ahí, mirando todos esos cuerpos que tengo delante, viendo en sus ojos la duda, el dolor, la desesperación, es ahí cuando el escalofrío me recorre, el pánico me traspasa, me une a ellos, me compromete, y sé que algo malo está sucediendo.

Según pasan los minutos, lo sombrío se apodera de nuestros ojos. De los míos, además, se apodera también una extraña emoción, emoción que no son ganas de llorar, pero que se parece mucho porque noto en la retina el escozor de las primeras lágrimas. Me emociona depender de esta gente. Me emociona la lucha en mi ánimo de la fe en los demás y de la aversión a los demás: sé, sin saberlo, sin verbalizarlo, que bastará el error de uno sólo de nosotros para que algo grave suceda. Bastará con que alguien pierda el control y trate de salir por una ventana, empujando a los demás, para que todos perdamos el control y tratemos de salir por una ventana aniquilando a los demás. La tensión que siento, la emoción que me cubre, es el miedo a que haya un momento en el que tengamos que decidir que somos animales egoístas, que queremos vivir a pesar de los otros.

He dejado de mirar, por eso. He cerrado los ojos y he tratado de visualizar cosas con márgenes, grandes espacios donde rueda una pelota, la caída del agua, sus salpicaduras. Pero enseguida me golpean, me presionan otra parte del cuerpo, me obligan a girarme un poco, o a retirar unos nudillos que viven por su cuenta una anécdota pornográfica, inmiscuidos en los pliegues más íntimos de pasajeras anónimas.

Les miro de nuevo: esas cabezas, esos brazos, ese amontonamiento de ropa de enero. Sus cuerpos inmóviles parecen maniquíes. Sus rostros se les desprenden de la cara. Aquí alguien tendría que llorar.

Cruzo la vista con una chica. Ha sido un instante, pero lo estamos prolongando. Es de mediana estatura, resiste bajo la tienda de campaña que sobre su cabeza forman unos brazos. Tiene los ojos verdes. Tiene los ojos amplios. La miro sin pudor; me mira sin pudor. Tengo derecho a refugiarme en esos ojos, cada parpadeo parece una palabra. Por una vez no voy a retirar la vista. Por una vez voy a perseverar en la desvergüenza.

Te estoy mirando temer.

115


Leyenda: A bordo del naufragio, Así de loco te puedes volver, Trenes hacia Tokio, El talento de los demás, Tatami, Ninguna eres un pésimo escritor.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Al otro lado del tatami

La asimétrica relación entre dos compañeros de vuelo a Tokio urde la novela corta ‘Tatami’, de Alberto Olmos. Olga es depositaria de la voz narrativa: una adusta y competente recién licenciada en Filología Hispánica, virgen, que intenta dar cobertura racional a sus desastrosas capacidades sociales y cuyos grandes pechos son un incómodo lastre para sus aspiraciones de estar por encima de las servidumbres del sexo. ‘Tatami’ es, principalmente, el recuento de su encuentro con Luis, un tarado maduro, empecinado en contar su historia de voyeurismo pederasta ocurrida varios años atrás, cuando huyó a Japón tras la muerte de su única novia después de encontrar un puesto de profesor de español. La fascinación por una vecina adolescente había absorbido su tiempo y toda su capacidad de admiración durante varios años y el recuerdo de aquel enamoramiento había llenado los años de este mirón lenguaraz. Pero el libro no es solo la historia de este compañero de viaje incómodo, que no deja de mirar con descaro los pechos de Olga y que insiste en condenar a su compañera de viaje a escuchar su insólita historia, narrada con inalterable imperturbabilidad. Es también la incapacidad de la muy cabal y muy pacata narradora para ordenar en ninguna coordenada racional el relato que está escuchando, por el cual no puede dejar de sentir un cierto interés morboso. El libro brinda la oportunidad de que se desplieguen ambos caracteres: el de la joven reprimida y el del maduro infortunado.

Tatami’ es una novela erótica sobre el erotismo que, al mismo tiempo, trata las sutilezas de la represión moral. Lo prohibido, que llega incluso a rozar la degeneración, está representado por la actitud de Luis y acaba siendo más sano y más comprensible que la censura moral que trata de ejercer en vano la narradora. Los diálogos son un compendio de tópicos sobre el sexo traídos aquí con cierta originalidad. A pesar de su tono desenfado, es una novela de ideas sobre el rol de los géneros en las relaciones sexuales, el choque de culturas y los límites de lo permisible en el placer y, sobre todo, es una novela de personajes extremos, insólitos, hacia cuyos vicios el lector acaba por suspender su juicio para caer en la placentera degustación de su particularísima personalidad. Hay un despliegue tan afortunado de ironía y humor que lo insólito queda armónicamente integrado en la historia. Incluso el lenguaje engolado e inverosímil entre estos dos pasmarotes posmodernos queda justificado y contribuye al tono un tanto fantástico del encuentro. En pocas páginas y con mucha agudeza, el autor consigue hacer despegar la psique de los dos protagonistas de esta novela y atrae el gusto y la sonrisa del lector. La inteligencia de Olga atempera su cohibición sexual, de la misma manera que la sinceridad de Luis es un lenitivo a su patología afectiva. A pesar del asco moral que él despierta en ella, la conversación entre ambos se plantea en unos términos tan claros y brutalmente sinceros que rara vez parece que ninguno haya podido encontrar mejor interlocutor. Ambos personajes son pretendidamente inverosímiles pero el autor demuestra una apreciable libertad compositiva para darles una interesantísima realidad ficcional.

Notable importancia tiene también el espacio en que se desarrolla la novela. La cabina de un avión y sus limitaciones: la estrechez de los asientos, la prisión de los cinturones de seguridad, la promiscuidad de sus aseos, la endeblez de sus aislamientos... todo condena a Olga a involucrarse en la historia e incluso a aventurar posibles desenlaces. En definitiva, novela alegre, divertida, sencilla, sin pretensiones. A ratos, es incluso fascinante. Alberto Olmos consigue el objetivo de divertirse y divertir al lector, de hacerle comprender y disfrutar de los límites de las personalidades de los personajes, así como desarrollar algunas ideas más o menos ingeniosas en torno a la sensualidad.

Fernando Larraz

martes, 16 de septiembre de 2008

Literatura en breve (RNE-5)

Te escribo para informarte de que mañana miércoles 17 de septiembre, a las 17.15, se emitirá en Radio 5 (Literatura en breve) un programa dedicado a Tatami, de Alberto Olmos. No tengo el email del autor, así que si te pilla a mano podrías avisarlo.

Muchas gracias.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Te ha tocado un pesado (divertinajes)

Estamos en manos del destino cuando iniciamos, solos, un viaje largo en avión o en tren –en autobús ya es el horror insuperable–, pues es imposible prever qué clase de vecino de asiento tendremos. Los riesgos fundamentales son tres: que sea demasiado gordo o demasiado nervioso y no pare de moverse; que sus olores corporales sean más fuertes de lo que marcan los cánones; que sea de los que les gusta hablar y no pare de rajar en un trayecto que puede superar las diez horas.

De camino a Tokio, una joven española de pechos generosos –es relevante, lo siento– se siente desagradablemente observada por su compañero de asiento. Es un mirón, confiesa él mismo. La relación no empieza con buen pie, y va a peor cuando el fulano se empeña en contarle su experiencia en Japón, unos años antes. Ella no quiere oírla, pero la insistencia del mirón es eficaz; bueno es demoledora: se trata del relato de una fijación por una colegiala japonesa cuyo dormitorio veía él desde su apartamento. No se debe contar más.

La novela, de un centenar escaso de páginas, se titula Tatami (Lengua de Trapo) y su autor es Alberto Olmos (Segovia, 1975), un todavía joven escritor del que se está hablando mucho en los últimos tiempos. Olmos debutó en 1998, con A bordo del naufragio, al que siguieron Así de loco te puedes volver, Trenes hacia Tokio –sí, estuvo tres años en Japón y eso parece que marca: que se lo digan a Amélie Nothomb– y El talento de los demás.

Aparentemente, Tatami podría no ser gran cosa, pero está bien contada y bien escrita –se maneja con soltura Olmos en los diálogos, por ejemplo– y tiene dos personajes de un interés notable; quizá más ella que él: Él habla y habla, solo de una cosa, es verdad, pero en esa cosa percibimos toda la esencia de su personalidad, de tintes nihilistas y desesperanzados, el típico personaje de novela contemporánea que aspira a ser modernita. Pero esta novela no es eso, pues el contrapunto de la chica, una chica formal podríamos decir, sensata, poco tolerante con las tonterías ajenas, este contrapunto compensa la narración y enriquece el resultado de la historia. Hay una lectura posible: que los dos representen las dos facetas que todos tenemos.

A diferencia de los aviones, si en esto de internet nos ponemos pesados, es fácil librarse. Pero ustedes no lo van a hacer... ¿verdad?

Evaristo Aguirre
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Nota net: Me irrita que algunos lectores críticos hagan de menos Tatami porque "sólo tiene 100 páginas" cuando, por otro lado, se la pasan alabando cuentos, microcuentos, haikus y demás incompetencias.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Top 10 música del siglo XXI

1. Arctic Monkeys.
2. Adam Green.
3. Fujiya & Miyagi.
4. Cansei de ser sexy.
5. The kills.
6. Scissor Sisters.
7. Los punsetes.
8. The Raconteurs.
9. Nacho Vegas.
10. (...)

jueves, 4 de septiembre de 2008

Mis 10 de música

Me encantan las listas.

1. REM
2. Radiohead
3. Rage against the machine
4. Belle and Sebastian
5. Tindersticks
6. Underworld
7. The Smiths
8. The Stone Roses
9. Talking Heads
10. Beastie Boys