Grupo.(Por cierto, no tengo ni he tenido nunca un perfil en Facebook, por si alguien quiere saberlo. No me gusta.)
Grupo.La literatura debe reinventarse constantemente, como Osiris, divinidad solar que moría cada día para renacer al siguiente. De igual modo, la novela lleva muriéndose más de un siglo, pero reaparece constantemente con formas nuevas, de tal modo que debería incluirse en su definición su carácter de ave fénix. Aunque, en realidad, la novela, la literatura en general, goza de buena salud; es la teoría la que, no pudiendo seguirla, la declara muerta y al fin debe reconocer que está viva y debe reconstruir sus doctrinas con los nuevos materiales: tarde, porque la novela, la literatura, ya ha mudado y viste plumajes nuevos.
En el guardapolvo de Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder, nuevo trabajo de Alberto Olmos -de quien ya hemos reseñado aquí Trenes hacia Tokio, El talento de los demás y Tatami-, aparece una bomba a punto de explotar (simula el mensaje de error de un Macintosh). Esa bomba es la que golpea a la teoría, que tendrá que enviar a sus TEDAX a desactivar este engendro que no se sabe si es literatura, ni quién es su autor; no es identificable la trama, ni el estilo. De lo que es la novela tradicional sólo podemos reconocer la existencia de unos personajes que, de todos modos, no tienen más relación entre sí que el medio donde publican sus textos, internet. Porque Alberto Olmos ha compuesto una novela de la que sólo ha escrito la Nota y los Créditos, y el material narrativo lo ha copypasteado de internet.
¿Quién es el autor? (Alberto Olmos respondió a esa pregunta solicitando una foto de grupo). Autores son todos, y el resultado es común. No se puede, como en un libro de cuentos colectivo, desgajar a uno de los autores y evaluarlo de manera independiente. La autoría de Olmos ha consistido en un entretejer textos que no son propios para componer un fresco coral –con la técnica evidente del collage- que es casi una novela-río, si bien internet es más un océano (pero hasta los océanos tienen sus ríos), donde el curso central es el ordenador de Olmos, en donde confluyen los diversos arroyos y corrientes. De algún modo es una actualización de La colmena, con una serie de personajes que discurren en paralelo, sin llegar ahora a rozarse.
Olmos ha concebido la obra “del texto a la textura”: lo que ha buscado es dotar de textura web a las historias de los personajes Eritrea, Supercrisis, Jeepster o el propio Olmos, que son personajes porque su existencia es digital y, ahora, de papel -Olmos entra en la novela a través de los correos electrónicos de su amigo Héctor-. Aportan texturas los textos robóticos, el spam, la nube de tags que copia o la encuesta de la bitácora Moleskine literario. Así pues lo relevante de esta novela no es el estilo, aunque no es indefinible, sino la textura y la estructura. Una estructura que obedece, como confiesa el editor en la Nota, a una “sana anarquía” y a su “curiosidad emocional” -no es difícil reconocer las semejanzas entre la amargura de Eritrea y la del protagonista innominado de A bordo del naufragio, la primera novela de Olmos-. El material lo ha ordenado (su “confesión de cookies”) partiendo de su propio blog, Hikikomori, y progresando “en círculos concéntricos”, como un DJ, inspirándose en el trabajo musical de The Avalanches, grupo australiano que compuso en 2000 el disco Since I Left You a partir de samples de muy diversos artistas (estrategia que copió luego Craig Armstrong para la banda sonora de Moulin Rouge).
Son textos provocadores, de una rebeldía a la antigua usanza, la que tatuaba con espray el desasosiego existencial o el rechazo profundo a las convenciones políticas y sociales en las paredes de la ciudad antes de los ridículos grafos. Es rabia desatada, que “es lo que promueve internet”. Es literatura en un estadio adánico, original (y por tanto es auténtica, no mera imitación del hipertexto). Muchos de estos materiales son los que, tradicionalmente, el escritor reelabora luego para dar lugar al relato común. Aquí quedan expuestas sus entrañas, como un Centro Pompidou literario. Son textos que obedecen a la necesidad íntima de expresión, la que siempre ha impelido a los escritores. Y de ese modo enlazan con la tradición.
¿Es literatura? Algunos ejemplos del libro lo son claramente, o tienen antecedentes claros en el diario, la columna periodística, el relato tradicional o la poesía. Otros, como los tweets o los SMS, quizá están más alejados de lo que comúnmente se entiende por literatura. Es el conjunto lo que resulta ser decididamente literario; pues no siempre el material que compone la obra literaria lo es, y sin embargo no cabe duda del carácter del producto final. Aquí es difícil desentrañar lo referencial, lo puramente literario, sin que importe realmente eso: “Lo literario está en el papel donde se imprime”. Lo que queda a quien lea Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder es que en internet puede encontrar literatura valiosa; aunque, de momento, el papel sigue dando prestigio (homologando, según Constantino Bértolo, editor de Caballo de Troya). A ver cuánto dura eso.
LO MEJOR: que algunas de estas ideas no se van a perder.
LO PEOR: ¿no traiciona al espíritu de internet el hecho de fijar los textos en papel?
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Finalmente, aprovechando que hoy ha salido el libro, copio y pego la Nota del editor que aparece al final de Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder, nota escrita por mí en calidad de antólogo y autor intelectual del proyecto.Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder es una obra colectiva fruto de una impresión personal: en Internet hay mucho porno y mucha libertad, porque quizá la libertad es la pornografía del pensamiento. Esta impresión me llevó a soñar con un libro que recogiera un puñado de voces sin excesiva ambición literaria pero, quizá por eso, cargadas de honestidad. Lo literario, muchas veces, está en el papel donde se imprime.
En un principio, la idea apuntaba exclusivamente a los blogs, esos sites donde tantos y tantos aspirantes a escritor cuelgan sus creaciones para darles mayor difusión y batirse un poco con la opinión ajena. Sin embargo, analizados más en detenimiento, estos blogs netamente literarios me resultaron casi anti-internautas: no había mucha diferencia entre su contenido y el que, tradicionalmente, esperaba su oportunidad (en forma de manuscrito o mecanoscrito) en el cajón de un joven letraherido.
Primeramente, me di cuenta de que para realizar una novela a partir de Internet habría que privilegiar los textos que tuvieran más de documento que de literatura, y que la literatura que haríamos con ellos sería una literatura que no se sabe tal. Era más jugoso el testimonio del hoy (apelaciones a la tecnología y las nuevas formas de comunicación, jeremiadas y quejas sociales varias) que la calidad literaria (cuentos correctos inéditos hay muchos en la Red). Después, comprendí que antologar posts interesantes era demasiado simple, y que una obra que quisiera reflejar “lo que pasa en Internet” tenía que seguir las reglas del medio e incluir todo el paratexto con que habitualmente nos tropezamos al navegar: mails, spam, mensajería instantánea, avisos robóticos...
En esta novela, por tanto, hemos simulado navegar por Internet. Y para ello he recurrido a un gusto instintivo, caprichoso, secuencial a veces y otras arbitrario, en el que se mezclan piezas de blogs y sites que visito a menudo (este libro es, entre otras cosas, una confesión de cookies) con extractos de webs que, de no estar predispuesto a espigarlas, nunca hubiera sido capaz de localizar de nuevo.
Por ello, es interesante comentar que el trabajo de campo para poder armar este volumen había sido ya hecho, dada mi propia y habitual comparecencia en la Red, y que el mayor esfuerzo ha consistido en renunciar a la perfección estructural y lingüística en favor de una sana anarquía cuyo motor muy bien puede definirse como curiosidad emocional.
Después de esta nota incluyo los “créditos” de la novela. Quiero agradecer a los contribuidores principales (María García Abril, David Capón, Diana Nuño y Daniela Franco) su generosa y desinteresada colaboración. También reconocer las aportaciones no sólo autorales, sino sobre todo de localización de textos curiosos, realizadas por Cristina Gil y Luis Rubén León.
Finalmente, el editor de este libro, Constantino Bértolo, con su insólita despreocupación y fe ciega, me hace poder repetir lo que, en la película Ed Wood, le dice Orson Welles al chapucero cineasta sobre Ciudadano Kane: “Sólo en esa película tuve el control total”.
Alberto Olmos
Madrid, 29 de agosto de 2008
Copio y pego la cuarta de cubierta, contratapa, lo de atrás de Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder .
Te escribo este mail para recomendarte que visites el blog de la editorial Milésima (http://editorialmilesima.blogspot.com/). Desde ayer soy co-editor de la misma. Su carácter será literario. Este correo es, quizás, el primer cimiento de la misma. Pero para ello, nos es vital que en el departamento de lectura y corrección existan originales. El motivo de este correo es ese, que divulgues en la medida de tus posibilidades la dirección del blog entre tus conocidos escritores. Sin originales no hay edición.
Ahora, un juez de Granada ha estimado en una sentencia que tales palabras sólo tienen un sentido: «El insulto y la descalificación gratuita». Y esto, dice el juez, no está amparado por el derecho constitucional a la libertad de expresión. Por ello, estima las tesis de Fortes y condena al poeta granadino al pago de una multa de 1.825 euros por el citado delito. Además, fija una indemnización de 3.000 euros por los daños morales causados a la víctima.
Te escribo para informarte de que mañana miércoles 17 de septiembre, a las 17.15, se emitirá en Radio 5 (Literatura en breve) un programa dedicado a Tatami, de Alberto Olmos. No tengo el email del autor, así que si te pilla a mano podrías avisarlo.
1. Arctic Monkeys.
2. Adam Green.
3. Fujiya & Miyagi.
4. Cansei de ser sexy.
5. The kills.
6. Scissor Sisters.
7. Los punsetes.
8. The Raconteurs.
9. Nacho Vegas.
10. (...)
1. REM
2. Radiohead
3. Rage against the machine
4. Belle and Sebastian
5. Tindersticks
6. Underworld
7. The Smiths
8. The Stone Roses
9. Talking Heads
10. Beastie Boys
63. Alberto Olmos
1. Residencia en la tierra, Pablo Neruda.
2. Primavera negra, Henry Miller.
3. Mortal y rosa, Francisco Umbral.
4. Sombra del paraíso, Vicente Aleixandre.
5. Lazarillo de Tormes, Anónimo.
6. El ruido y la furia, William Faulkner.
7. Poemas humanos, César Vallejo.
8. Pedro Páramo, Juan Rulfo.
9. El extranjero, Albert Camus.
10. Esferas, Peter Sloterdijk.
Como ya me has visto desnudo, probablemente una cantidad considerable de veces...

Así empieza el relato que he escrito (en 45 minutos, la verdad) para Público.
Lo publican el domingo 17 de agosto.
Se titula: Las chicas se están duchando.
Puedo hacerlo mejor, pero no me da la gana.
