viernes, 11 de diciembre de 2009

Ojalá vivas tiempos interesantes, 1 (¿y 1?)

Me ha irritado hoy sumamente una noticia aparecida en la home del diario El País. Se refiere la "noticia" (vivimos en un mundo entre comillas) a un señor de San Diego, de 29 años, que ha alcanzado el éxito gracias a Twitter.

La fantasía informativa que se ha tragado El País es como sigue: X volvió a casa por fracasar (intentó el éxito en Los Ángeles) y se instaló con sus padres. El progenitor, septuagenario, era un hombre brusco y corrosivo, cuyas frases punzantes hacían las delicias de su hijo. X vio entonces la luz, y un mac, seguramente. Lo encendió, abrió una cuenta de Twitter y en ella fue colgando las frases "geniales" de su padre. La cuenta "espontáneamente" ha llegado a tener casi un millón de "seguidores". Ahora van a hacer un libro y una película.

La realidad conspiranoica que propongo es muy otra: Efectivamente, X no pudo salir adelante como GUIONISTA en Los Ángeles. Volvió a casa y, movido por una frase que su padre dijo un día, se le ocurrió crear un personaje, que sería su padre, y escribirle unas frases bastante malas, las verdad, típicas de teleserie de los 90. Seguidamente, comenzó el trabajo duro: marketing himself. Consecuencia: el "éxito".

La función del periodismo, a diferencia de la de Hollywood, no es ofrecer a la gente "sueños"; es ofrecerles la verdad. En esta noticia, El País fabrica un sueño, en una muestra de candidez profesional que me resulta intolerable. Ni una sola vez se llama la atención sobre el hecho de que todo pueda ser una farsa. Parece que los niños perdidos en globos, que no estaban perdidos, pero que toda la prensa MUNDIAL sacó para nuestro absurdo deleite, no han enseñado nada a los profesionales de los medios, que siguen dando pábulo a cualquier historia con mordiente que les llega a las redacciones.

Sospechoso es que mister X trabajara de guionista en Los Ángeles; sospechoso, que Kevin Smith sea su fan; muy sospechoso que mister X afirme "Lo activé creyendo que no lo miraría nadie, y una mañana me desperté y tenía 10.000 seguidores". Sospechoso, mucho, que su padre diera su consentimiento a cambio de "no conceder entrevistas" ni recibir "los beneficios".

Mister X lo tiene todo pensado, considero.

Hay dos aspectos que me interesan de esta fantainformación, como debería llamarse al nuevo género periodístico de los niños perdidos en sus globos. Uno se refiere a cómo los medios siguen apostando por el sistema mediante el relato continuado de cuentos de Cenicientas. Se da a entender que, en este mundo, "pasan cosas bonitas", puras, tiernas, absolutamente humanas, y que se ven planetariamente reconocidas de manera espontánea: se evita así reconocer que todo es control.

La otra se refiere al mundo literario. Desde que determinada escuela de crítica consideró fundamental para la lectura de un libro el conocimiento de la intimidad de su autor, ha proliferado mucho más la calidad de la intimidad del autor que la calidad de los libros. Antoni Casas Ros, Rubén Gallego o James Frey son ejemplos disímiles. Uno, desfigurado en un accidente; otro, criado en orfanatos rusos; otro, loco de atar en una clínica por culpa de las drogas y el alcohol. Todos han recibido la atención de los medios porque lo que contaban en sus libros era "real". Sin embargo, Frey vio investigada su vida, y en la medida en la que lo que contaba no era real al cien por cien, la sensación de sus lectores y de sus avalistas fue la de haber sido estafados.

No deja de ser simpático, también, la posibilidad que en un mundo como en el que vivimos (sociedad del espectáculo) tiene un creador de crearse a sí mismo, de ser su mejor obra, dejando su "obra real" como un mero satélite que le da las vueltas. Muchos encontrarán deliciosamente postmoderna esta idea: estar en casa, no pintando o escribiendo, sino diseñando al que pinta o escribe, y luego pintando y escribiendo (con menor esmero), para resultar en un producto con artista peculiar incorporado.

Sin embargo, me pregunto si no podría uno escribir una novela sobre maltrato de género, y luego encontrar una amiga con poca vergüenza que acepte representar el papel de: mujer maltratada que ha escrito una novela "real" sobre su experiencia, y luego venderla a una editorial mayor e iniciar un marketing ourselves soterrado, para acabar en el "éxito".

Me pregunto qué diría eso de nosotros.

En cuanto el punto de mira se aleja del producto cultural, y se fija en su autor, que a su vez es un producto cultural, pero no reconocido, se produce el efecto pernicioso de estos tiempos tan interesantes que vivimos: reconocimientos para creadores en virtud de lo que son, y no de lo que crean.

Así las cosas, el siguiente paso es que determinados artistas dejen de crear, sin dejar por ello de ser "artistas", lo que sería muy de agradecer.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Suscribo viñetas...

...dado que artículos no hay para suscribir. Se les comió la palabra el gato. O la autocensura.
(update: y suscribo a Quico Alsedo)



El Roto.




Manel Fontdevila.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Premio Ojo Crítico para El estatus

"Hay tantos premios que alguno me tenían que dar." (Houellebecq)

• El jurado le ha elegido por su dominio de las técnicas narrativas y su capacidad para reinventarse de una novela a otra

Hoy, lunes 23 de noviembre de 2009, se ha fallado el Premio “Ojo Crítico” de Narrativa que ha recaído en el escritor y periodista segoviano Alberto Olmos. El galardón valora la capacidad narrativa que el autor plasma en todas sus novelas, también en su obra más reciente, publicada este año, “El estatus”. El jurado del galardón “Ojo Crítico” ha estado formado por Nuria Azancot, Redactora Jefe del suplemento “El Cultural” del diario “El Mundo”; Javier Rodríguez Marcos, redactor del área de cultura del diario “El País” y Premio Ojo Crítico de Poesía 2002; Pablo DOrs, escritor; Isaac Rosa, escritor y premio “Ojo Crítico” de Narrativa 2004; Modesta Cruz, redactora especializada en literatura del área de cultura de RNE; Alfredo Laín, redactor especializado en literatura del área de cultura de RNE y Laura Barranchina y Julio Valverde, directores del programa “El Ojo Crítico”.

Alberto Olmos lleva contando historias desde muy joven. Con sólo 23 años ya recibió su primer premio de novela, el Premio Herralde, por su obra “A bordo de naufragio” (1998). Once años después, el escritor y periodista sigue inmerso en el mundo de las letras con nuevas historias que le han valido el aplauso de la crítica. Con la última, “El Estatus” (Lengua de Trapo, 2009), Alberto Olmos ha obtenido el premio “Ojo Crítico” de Narrativa, que otorga RNE.

Y es que, el jurado ha valorado la obra más actual del autor segoviano por plasmar en ella sus cualidades como escritor. Según el fallo, Alberto Olmos domina las técnicas narrativas y tiene “capacidad para reinventarse de una novela a otra”. “El jurado quiere destacar la habilidad de Alberto Olmos para atrapar al lector en la solidez de la trama y en la credibilidad de los personajes” algo que se ve también – según el jurado - en su obra más reciente.

“El estatus” es una obra intensa, una novela atemporal y deslocalizada, insólitamente aterradora y, al mismo tiempo, sutil. Eso es lo que dice la crítica de un autor que, aunque tiene “necesidad de escribir”, siempre ha asegurado que “no se permite escribir obviedades”.

Noticia

Anteriores ganadores:

1990 Javier García Sánchez
1991 Pedro Zarraluqui
1992 Miquel de Palol
1993 Felipe Benítez Reyes
1994 Juan Manuel González
1995 Irene Gracia
1996 Andrés Ibáñez
1997 Juan Manuel de Prada
1998 Lorenzo Silva
1999 Alejandro Cuevas
2000 Fernando Royuela
2001 Marta Sanz
2002 Ana Prieto Nadal
2003 Albert Sánchez Piñol
2004 Isaac Rosa
2005 Pilar Adón
2006 Julián Rodríguez
2007 Ismael Grasa
2008 Jon Bilbao

viernes, 13 de noviembre de 2009

El estatus, en Compañía de sueños ilimitada

A Olmos le gusta jugar. Ya hace tiempo jugó al vomito suicida, después a la novela fría con excusa exótica, después a la novela coral pero ordenada y, más recientemente, a la novela-situación que no situacionista. Ponerle vosotros los nombres a las novelas, anda… googlear un rato.

En esta ocasión juega a ser un escritor centroeuropeo al que no le molesta que se le reconozcan las costuras: las de sus influencias, no las de su tejido narrativo. Faulkner y Beckett son sustantivos que en la sinopsis se pueden leer porque el escritor quiere que el que lector comedido los lea. Atención, no se amarra a cualquier cosa: nada más y nada menos que FAULKNER y BECKETT. Para los no iniciados esto es un aviso de que Olmos VA EN SERIO, es decir, Olmos no es un escritor que se conforme con entretener, con hacernos soñar, hacernos sentir, recrearnos en la excusa cultural de que un leer un libro es bueno, per se. No. Olmos quiere que sepamos que es un escritor COJONUDO: lo demás, no le importa. En cierto sentido, es lo único a lo que debería dedicarse un escritor: a hablar solo con su obra, a decir: soy único, y pienso que todo lo demás es basura, (excepto, por supuesto, Faulkner y Beckett, de los cuales he recogido el TESTIGO de aupar el nombre de la literatura a su punto más álgido, y aquí lo hago como en otras pasadas y acertadas ocasiones).

Ya puestos a leer la obra en cuestión queda claro que el autor ha leído a Faulkner, y lo ha leído bien, es decir, ha aprendido la importancia de la voz narrativa y lo exprime al máximo. De hecho la lectura de la novela es una delicia tan sólo por dicha superposición de voces, enigmática en un principio pero cada vez más cómplice con el lector conforme va avanzando la trama. Clarita, la niña, Clara, la madre y Jesualdo, el portero son algunos de los personajes que recorren las habitaciones de una casa que se me antoja gris, de techos altos y escaleras anchas y empinadas. La casa no deja de ser otro personaje más, la estructura movediza que hace que las motivaciones y deseos de las personitas que viven dentro se deslicen hasta un final que le da la mano al comienzo. Por otro lado, lo de Beckett no lo veo tan claro, quizás porque yo asocio Beckett claramente con un uso del lenguaje muy personal, más que con situaciones minimalistas, enigmáticas o claustrofóbicas (el eterno malentendido con Beckett), y aquí el uso de la prosa es mucho más narrativo y fluido. No obstante, agradezco que hayan utilizado el nombre de Beckett como coartada oscura y abismal y no el de Kafka que, como todos ustedes saben o deben saber, es el referente preferido de todos aquellos con pereza mental congénita.

Resumiendo: la novela se lee rápido, con interés creciente y termina cuando tiene que terminar y de la mejor manera posible. Los ecos que dicha historia puedan haber tenido dentro de los cráneos de otras personas… lo ignoro. En mi caso no ha sido un relato que haya sufrido reverberaciones futuras, aunque en el momento de la lectura la haya disfrutado como un niño idiota con paperas. Y es que uno de los aspectos a agradecer de la narrativa de Olmos es el carácter diferenciador de cada una de sus obras, su negación a repetirse y destrozar aquello de “todos los escritores escriben una y otra vez el mismo libro”. A Olmos no le valen las fotocopias ni las segundas oportunidades. Cuando Olmos apunta un objetivo, quiere acertar y dejar el resto de balas en el cargador... porque sabe que, sin duda, algún día le harán falta.

--

Link

Nota: Las negritas son del autor/a.

Nota2: Me ha encantado esta reseña.

Nota3: Mucho.

martes, 3 de noviembre de 2009

El estatus, en Deriva

Es difícil encontrar en el panorama de nuestras letras, y mucho más en el correspondiente a los autores así llamados ‘jóvenes’ a escritores que tengan la voluntad -y la capacidad- de ofrecer al lector una novela como ésta. Y esto por varios motivos. En medio de la vorágine y del empeño despiadado (a veces con los propios autores, a veces con la literatura) de búsqueda absoluta de la novedad (la pasión por lo nuevo, como tantas otras pasiones, puede acabar resultando autodestructiva) Alberto Olmos ha escrito una novela a contracorriente de lo que cabría esperar en alguien de su generación (incluso a contracorriente de sus últimas novelas: Trenes hacia Tokio, Tatami y El talento de los demás), una novela fuera del tiempo, sin contacto apenas con la realidad que nos rodea (hablo de lo estrictamente contemporáneo), una novela de apariencia engañosamente naïf y que podría clasificarse sin duda alguna de abstracta.

Cinco son los personajes esenciales que pueblan las páginas de El estatus. Clara y Clarita (madre e hija), Patricia (la criada), Ichvolz (el agente inmobiliario) y Jesualdo (el portero, mudo para más señas). Con estos cinco personajes, como si se tratase de los elementos de un extraño compuesto químico, Alberto Olmos diseña la trama de su novela. Una trama minúscula, por otra parte. Casi minimalista. Madre e hija entran a vivir en una casa ubicada en un edificio en apariencia abandonado y allí dejan correr el tiempo, intentando burlar la monotonía de los días (la madre a través de minuciosos rituales burgueses, incluyendo encargos continuos a Patricia, la criada y, por supuesto, la lectura de algunos libros; la hija confraternizando con Jesualdo, un extraño y faulkneriano personaje cuyo pensamiento -debido a su condición de mudo- nos es accesible a través de monólogos interiores fragmentados e incoherentes que el autor intercala de vez en cuando) mientras aguardan la llegada siempre demorada del padre ausente.

La novela de Alberto Olmos coquetea con lo fantástico, logrando crear la intriga necesaria para burlar el -casi- plano fijo que componen los personajes. Poco a poco el lector va descubriendo que casi ninguno de ellos es lo que parece, en medio de una tensión creciente que pone de relieve los juegos de poder a los que se someten entre sí los personajes. Es fácil rastrear la influencia de Faulkner y de Henry James en El estatus. Con esta envidiable compañía Alberto Olmos logra dar 'una vuelta de tuerca' a su propia obra para ofrecernos una narración en apariencia sin pretensiones, pura, enigmática, desconcertante, a contrapié -como ya dijimos al principio- de las expectativas (de sus propios lectores, incluso) y de la corriente mayoritaria de la narrativa actual. Una rara avis que parece querer avanzar dando un paso hacia atrás (en la simplificación de las formas y los temas, en el homenaje explícito a autores canónicos), una reacción que algunos pueden sin duda entender como trasnochada. Un camino difícil, en definitiva. El tiempo dirá si acertado o no.

---
Link
Gracias

jueves, 15 de octubre de 2009

Adiós a mis tiempos de terrorista


"Ms Info: el 8/11 acaba el plazo de identificación Ley 25/07. Si no se identifica antes se cortará su línea. Por favor acuda a una tienda movistar a identificarse."

miércoles, 14 de octubre de 2009

XV Premio Lengua de Trapo de Novela

El pasado 8 de octubre de 2009, un jurado compuesto por Nuria Azancot, Alberto Olmos, Ramón Pernas y Eduardo Vilas y el editor Fernando Varela resolvió por mayoría otorgar el XV Premio Lengua de Trapo de Novela a la obra Electrónica para Clara cuyo autor es Guillermo Aguirre, que concurrió con el mismo título y bajo el seudónimo de Justine.

Al XV Premio Lengua de Trapo de Novela han concurrido 632 manuscritos, 478 de ellos procedentes de España, 74 de Argentina, 5 de México, 16 de Cuba, 7 de Colombia, 4 de Venezuela, 11 de Perú, 6 de Estados Unidos y los demás procedentes del resto de Europa y Latinoamérica.

El Premio tiene una dotación de 5.000 euros y la obra ganadora será publicada por Lengua de Trapo durante el próximo mes de diciembre.

lunes, 12 de octubre de 2009

El estatus, en Revista de Letras

“El estatus”, de Alberto Olmos Por Josep A. Muñoz Crítica 12.10.09



estatus.(Del ingl. status, y este del lat. status, estado, condición).

1. m. Posición que una persona ocupa en la sociedad o dentro de un grupo social.

2. m.Situación relativa de algo dentro de un determinado marco de referencia. El estatus de un concepto dentro de una teoría.

© Real Academia Española – 22ª edición



Alberto Olmos es la leche.

El oficio de escritor, como cualquier otro, se sustenta en el aprendizaje constante, el trabajo, el interés por crecer y perfeccionarse a base de disciplina y creatividad. Mientras unos van repitiéndose, reformulando viejas ideas, poniendo a prueba a la cada vez menos consentida paciencia del lector, otros (los menos) sorprenden a cada paso materializando los deseos de quienes ansían dejarse atrapar por las palabras.

Alberto Olmos es la caña.

Nos encontramos ante la obra de un periodista segoviano que logró, con su primera novela, ser finalista del premio Herralde de novela. Eso fue en 1998, hace once años. Desde entonces, con algún parón que le llevó a Japón, esta mente inquieta, viajera, curiosa, lectora, nos ha ido dejando brotes de lucidez narrativa (Trenes hacia Tokio, en el 2006; El talento de los demás, en el 2007; Tatami, en el 2008). Obras en las que se empapa de experiencias, de referencias, de formas, de historias que escribe porque le gusta contar, enganchar al lector. Si, como dicen, el inicio de un libro es lo más importante, os invito a comenzar cualquiera de los relatos de este autor, porque estamos ante un hipnotizador que, con apenas cuatro líneas, ya te tiene enganchado hasta el final. Como los narradores orales, que son capaces de aislar a sus oyentes y manejarlos a su antojo.

Alberto Olmos es la pera.

El estatus es, a mi juicio, la novela de corte más clásico de todas las que nos ha ofrecido su autor hasta ahora. No está ubicada ni en tiempo ni en lugar, aunque más de uno podría sacar conclusiones, ubicando la trama no muy lejos, aquí mismo, no hace muchos lustros. Clara y su hija de doce años (Clarita) llegan a la gran ciudad y se instalan en uno de los apartamentos de una gran finca, a la espera de la llegada del padre y marido, un hombre de negocios que las había mantenido lejos del mundanal ruido, en una villa campera. Mientras esperan, inician su nueva vida, en la que intervendrán Ichvoltz, el atractivo joven de la agencia que les ha proporcionado el piso; Patricia, la criada; y Jesualdo, el portero de la finca, un hombre mudo y con escasas luces.

Y esperan… Y esperan… Y el padre-marido no llega… Y Clarita se hace amiga de Jesualdo; y Clara, siempre leyendo, no soporta a Patricia; e Ichvoltz comienza a visitar el apartamento alertado por unos extraños ruidos que provienen del piso de arriba… Y el padre-marido sigue sin aparecer.

Alberto Olmos es la ostia.

A pesar del clasicismo, Olmos nos lleva más allá (y más acá). El estatus es casi una pieza teatral, arriesgada su puesta en escena de apenas un espacio (el apartamento y algunas zonas de la finca por las que pasea Clarita); pocos personajes; una intriga perfectamente controlada a golpe de efecto; buenas dosis de comedia, hasta de vodevil. De estructura circular, esta novela requiere de mucha atención para acabar de valorar los matices que logra transmitir en cada una de sus páginas. No se dejen engañar por su sencillez, por la gracia de las explicaciones de la niña, por el garbo chulesco de las réplicas entre la señora y la criada, por la fácil incorporación de elementos fantasmagóricos. El juego de Alberto Olmos no es tanto el “cómo” sino el “qué” está pasando en este relato, interrumpido por las propias protagonistas que también son espectadoras-lectoras de su experiencia.

Decía más arriba que lo de cómo se empieza una novela es, para muchos, lo más importante. Pero, ¡ay, el final!. El final debe superar al comienzo, porque no hay peor cosa que atrapar al lector y que, a las pocas páginas, se abandone al aburrimiento. Ésta que nos ocupa es buena de principio a fin. Y sí, es muy bonito decir que tiene algo de Beckett, una pizca de Faulkner, otro poco de James… Para mí, a pesar de lo diferente de la propuesta con respecto al resto de su obra, lo que tiene El estatus es mucho talento, mucha guasa, mucha chicha, mucho fondo.

Alberto Olmos es demasiado.

José A. Muñoz

---

No niego que me lo creo todo...
Gracias
Link

domingo, 4 de octubre de 2009

Tatami a la italiana

La editorial Voland (Italia) ha comprado los derechos de traducción a su país de Tatami, la novelita que publiqué hace un año y pico y que no, no escribí en una tarde. Fueron cuatro días.

Voland, como supondrán los lectores más pedantes, es el personaje del diablo en el clásico de Bulgakov El maestro y Margarita. El sello italiano cuenta en su catálogo con la presencia de los escritores españoles José Ovejero, Espido Freire o Elia Barceló. También tienen un par de libros "menores" de don Enrique Vila-Matas. Además, la presencia de Amelie Nothomb completa lo que considero una muy jugosa compañía.

El libro, dios mediante, saldría en el país de Berlusconi hacia 2011, probablemente póstumo.

Esta es la primera traducción que me cae en suerte. Siempre pensé que me volcarían al francés, supongo que porque soy un snob y porque cada día escribo más como si viviera en Francia. Esto es: en un país donde los escritores no son catequistas ni guardianes de la moral. Pero escribo en España, al cabo, rodeado de una cantidad cada día mayor de gentuza, ejecutivos de la literatura y fracasados sin encanto. Iberia es de tal mediocridad en lo literario que ni siquiera hay perdedores adorables.

Así que al italiano.

Ciao.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Mordzinski

(Madrid, un día)

Yo: Nunca voy a dejar que Daniel Mordzinski me haga una foto.
Ella: Ajá.

(Segovia, ayer)

Mordzinski: Hola, soy Daniel Mordzinski.
Yo: Ah, el famoso. Soy Alberto, qué tal.
Mordzinski: Estoy en el Hay como fotógrafo oficial.
Yo: ¿Le haces fotos a todo el mundo?
Mordzinski: Sí, eso hago.
Yo: Pues... mira, yo tengo una frase en la cabeza, desde hace tiempo; una frase que me dijo un amigo, una frase que me ha creado ciertas dudas respecto a tu trabajo...

(estamos en el Hotel Sirenas, sentados en un amplio hall; yo bebo agua, él bebe agua)

Mordzinski: ...
Yo: Me dijo mi amigo: "Si no te ha fotografiado Mordzinski no eres nadie".
Mordzinski: ...
Yo: Me parece que si hemos llegado a este punto, es que está todo desquiciado y echado a perder.
Mordzinski: Lo que te dijo tu amigo es cursi y tonto; una estupidez.
Yo: Me alegro de que pienses así.
Mordzinski: Te tengo que hacer unas fotos.
Yo: ...

(Madrid, hoy)
Ella: Nunca digas de este agua no beberé.

---
Links Hay:

Leónoticias
El Norte de Castilla
El adelantado de Segovia
IcalNews

viernes, 4 de septiembre de 2009

El cultural / Tiempo: que once años no es nada (y On Madrid)

Hoy publican en El cultural la reseña sobre El estatus, a cargo de Santos Sanz Villanueva. (Cuando salga on line la cuelgo.)

El recorrido por la anécdota de El estatus da una sencilla peripecia de base costumbrista. Clara y Clarita, madre e hija, se han desplazado de su villa en el campo a una mansión en la ciudad para esperar el regreso del marido y padre que se halla en unas lejanas islas (todo ello innominado e inconcreto). El familiar ha encargado a un agente que les proporcione residencia y criada. Un mudo, portero de la casa, establece estrecha complicidad con Clarita. Se trata, sin embargo, de una simple apariencia realista porque esa trama de estricto minimalismo se convierte en una sorprendente fábula de difícil clasificación que participa de la alegoría y se llena de elementos inventivos, sensaciones misteriosas, materia irracional y componentes visionarios.

Este impreciso registro pertenece a la vaga categoría de lo fantástico y supone un paso adelante en la poética de su autor, el segoviano Alberto Olmos (1975), un personal narrador que se mueve en el ámbito de presentar aspectos recónditos de la existencia mostrados con una cara cotidiana que se desliza con sutil habilidad hacia el territorio del irracionalismo. Evocar para este enfoque a Beckett, como hace la cubierta, no está mal, pero no agota la filiación de El estatus, que también recuerda la incomprensibilidad del mundo kafkiana, la tendencia a la abstracción del simbolismo, la indagación en el misterio de los relatos góticos y el descenso a los arcanos de la mente del surrealismo.

Todos esto anda en el fondo de la escritura de Olmos como fuente nutritiva y no como deuda. El autor acude a ellos porque le valen para su mirada negativa de una realidad en la que se entretejen complejas relaciones de fuerza y poder entre las personas. El título alude a la actitud de extremo clasismo social de Clara pero se dispara hasta los vínculos de dominio encarnados en los personajes, entre quienes, además, existen nexos muy retorcidos que el lector descubre con asombro y que constituyen un aliciente de intriga en un relato en apariencia de hechos corrientes.

La anécdota resumida se convierte en una suma de datos inquietante que busca actuar como revulsivo del lector. Llevarlo al terreno del misterio y la paradoja es la meta del autor y lo consigue con un relato fuertemente abstracto, fuera de espacio y de tiempo identificables. Olmos prefiere lo sugerido a lo evidente, incluso la inconcreción temática a la exactitud de un asunto preciso. Esta postura comporta el riesgo de que el lector (hablo, al menos, por mí) se pierda algo en la identificación de los motivos. Es el reto de este tipo de literatura elusiva.


Olmos no ofrece un libro ni fácil ni de comprensión sencilla y directa, pero merece la pena arriesgarse en su lectura por una doble razón. Una, por su forma basada en una estructura narrativa sin rasgos muy espectaculares pero verdaderamente novedosa. La alternancia de los sucesos en varios planos (un presente que enjuicia los hechos del pasado) y la técnica perspectivista (a lo anterior se suman otros puntos de vista más) revelan una planificación tan esmerada como eficaz. Otra, por las desasosegantes incitaciones intelectuales que despierta.

El estatus revalida el empeño original de un escritor que entiende la novela como una forma de conocimiento, lo cual exige el reto de superar las manidas formas del realismo convencional.
Santos SANZ VILLANUEVA

Hoy publican en Tiempo un reportaje sobre blogs en el que incluyen este mismo blog, mi libro Trenes hacia Tokio y el volumen Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder. Aparición estelar para David Capón (Supercrisis), que me escribe este modesto sms: "Y quién es el vilamatas ese, y el reig? Gente que empieza, supongo."

Por lo demás, estoy enormente disgustado por el uso, en ambos medios, de una foto mía tomada hace 11 años, en Barcelona. Me derrota la falta de profesionalidad sucesiva en este sentido.

En fin.

---
Recién me entero (sí: recién me entero) de que también ha salido El estatus en OnMadrid, una cosa que da El País los viernes.



Luego me quejo...

martes, 1 de septiembre de 2009

Invitación al The Guardian Hay Festival Segovia

The Guardian HAY FESTIVAL Segovia 24-27 Septiembre 2009

De mi mayor consideración:

Me dirijo a Ud., en nombre de Peter Florence, director del Hay Festival of Literature and the Arts, y su equipo, para invitarle a compartir con nosotros cuatro días de celebración del arte y de la literatura en Segovia.

Hay Festival es una fundación sin ánimo de lucro que lleva veintidos años organizando un encuentro en Hay-on-Wye, Gales. Este encuentro, que dura diez días, convoca a 500 escritores y artistas y a 120.000 personas, convirtiéndose en el mayor festival literario en Europa. Desde el 2006 realizamos el Hay Festival Cartagena de Indias en Colombia y el Hay Festival Segovia en España y en el 2008 inauguramos el Mapfre Hay Festival en la Alhambra.

En nuestros festivales hemos contando con la presencia de Sir Paul McCartney, Bill Clinton, Bob Geldof, Gabriel García Marquez, Ian McEwan, Doris Lessing, Martin Amis, Javier Marías, Orhan Pamuk, Vikram Seth, Nick Broomfield, Hanif Kureishi entre otros.

El 2009 será nuestra cuarta edición en Segovia y estaríamos encantados con su participación en un evento de jóvenes creadores moderado por Teresa Sanz el día domingo 27 septiembre 2009 de 18:30 a 19:30 al Museo Vicente Esteban.

Muy agradecida por su atención, aprovecho para saludarle muy cordialmente.
---
Nadie es Martin Amis en su tierra.

viernes, 28 de agosto de 2009

Trenes hacia Tokio, en Autopsia en prosa

Sinopsis:

Japón, un día cualquiera, una escena cualquiera. Un profesor de español; un escritor que intenta, con poco éxito, terminar una novela y que cuenta, a modo de diario lo que sucede a su alrededor y, sin pudor, a el mismo. Una forma curiosa e irónica... distinta de contar lo cotidiano, lo personal. Estravagante, extranjero siempre, nativo por momentos, a ratos divertido, a ratos cínico o trite, David camina por su día a día al ritmo que marcan los personajes que protagonizan la película de su vida, dando la sensación de que todo avanza sin que nada pueda detener el implacable paso del destino. No hay pasado, no hay futuro; el presente arrolla al protagonista como los trenes, que son parte fundamental de la novela, lo hacen con el paisaje.

La lectura

Y a todo esto el lector asiste al relato como silencioso espectador, atrapado y seducido por la mirada, a veces irritante, a veces tierna, sensible, otras seca y desagradable del protagonista. Original, de prosa fluida y magnética todo el libro mantiene tu atención sin, en realidad, contar nada nuevo que pudiera explicar por qué no puedes dejar de leer ni de identificarte con el personaje. Se nota que hay un enorme talento tras el texto, un escritor de verdad tras esas líneas: las que consiguen seducirte hasta el final del relato.

Personalmente es donde veo el mayor mérito. Dejando aparte el hecho de que la narración transcurre en un entorno exótico como Japón -yo creo que el relato podría ser igualmente maravilloso contado en cualquier lugar, como Madrid, por ejemplo-, no hay en todo el argumento un solo elemento hipnótico que justifique la atracción a la que te ves sometido, y eso confirma la impresión de que realmente es un libro muy bien escrito. La originalidad está en la forma de escribir, en la forma de redactar; en la mirada del narrador que te hace participe, a modo de vogeur, de su extravagante e irónica forma de entender su entorno. Da la sensación de que, a partir de leer el libro, podrías reconocer a Alberto Olmos en cualquier otra lectura, aunque solo fuera su lista de la compra para el super.

En este libro he encontrado, por ejemplo, una de las descripciones mas bonitas que yo haya leído de una mujer:

"Es pequeña, apenas alza del suelo las dos letras de su nombre.Ai significa: amor. Ya he dicho que es pequeña.La conocí entre otras japonesas, cientos de japonesas, miles de japonesas, todas apiñadas y sonrientes y monocromas. Ai era el destellito de luz, el punto sobre la i de la palabra nipón. Sin senos ni trasero tumefacto, todo su cuerpo era un facistol para su rostro, un andamio para que la cabeza le quedara a metro y medio del piso. Su cara daba por fin sentido a la palabra 8.005 del diccionario: exótico. Exótico ya no era lo que estaba lejos; era lo que tenías más cerca, lo que querías tener próximo.Ai parecía tan japonesa, tan acrisolada de su propia nacionalidad, tan jugo exprimido de una bandera, que a su lado sus compatriotas tenían algo de inmigrantes, de extranjeros, de turistas en otra piel.Llevarse a Ai de paseo era como llevarse a todo un país en el bolsillo. Ella era Japón: detrás de sus ojos rasgados se rasgaba el resto de los ojos nipones, su boca daba fin al tubo infinito de bocas y gargantas y pulmones que hacen un idioma; su piel era la última mano de pintura dada a una raza.Ai: japonesita."

Un delirante diálogo sobre literatura:

"- También estuve en Grecia.-¿Conoces a Haruki Murakami? -mi cerebro, clic, clic, mi cerebro.-Si. El escritor, ¿no?-¿Has leido Norugei no mori?-No-Pues lo escribió en Grecia, en una isla. Al menos eso dice la introducción de la novela en inglés.-Ideal, ¿no?, la isla, el mar, el cielo azul-Si parece ideal. Hay mucho sexo en sus novelas. Se lo voy diciendo a todas las japonesas que conozco para ver si se animan.-¿Conoces a Ryu Murakami?-No-Pues hay mucho mas sexo en sus libros. Uno muy famoso se titula Ibiza.-Lo buscaré. Ahora estoy leyendo Kafka on the shore-¿Que tal?-Me encanta. Es muy interesante.-Un amigo mio dice que el mejor escritor japonés es Akutagawa.-Es cojonudo.Gonzalez levanta el tenedor basta casi tocarse la sien-¿Lo conoces?-Claro. Me gusta mucho El biombo del infierno-¿Y conoces a Osamu Dazai?-Si Indigno ser humano. No me gustó-Caramba David, sabes un montón de literatura japonesa!-Bueno, de algo hay que saber. Quiero leer Soy un gato de Soseki Natsume. En ingles es un tocho así -así equivale a mil doscientas páginas.-¿Seguro? Yo creo que es mas corto.-¿Y como se llama la tía esta tan famosa? Banana nosequé.-Yoshimoto Banana-Esa ¿que tal?-Muy fea.-¿Que tal escribe?-Su libro mas famoso es Kitchen. No se de que va.-Si, lo vi en Kinokuniya. Parecía una gilipollez. Vi otro libro titulado Serpientes y piercings.-Me suena-En la contraportada salía una foto de la autora. Pivón-Si, si: esta muy buena.-¿Sabes?, hacía mucho que no hablaba de literatura.-Ah."

O una escena de estupro en un tren, digna de la mejor literatura erótica:

".../ La chica de las piernas bonitas está a medio metro de mí y se aproxima dándome la espalda. Finalmente su cuerpo se encaja con el mío. Noto sus gluteos, toda esa convexidad, arropando mi sexo, casi devorándolo. La chica sigue hablando tranquilamente con sus amigas.../... La chica sigue hablando con tranquilidad mientras mi sexo explora sus nalgas. En un momento dado se separa de mi. Respiro.Los endurecimientos empiezan a declinar cuando la chica de las piernas bonitas se dobla para coger algo de su bolso, que está en el suelo. Al doblarse me clava el culo en la polla. Durante todo el trayecto la chica no deja de doblarse para coger algo de su bolso. Durante todo el trayecto me clava el culo en la polla y sigue hablando animadamente con sus amigas. Realmente no estoy poniendo todo de mi parte en este estupro; ni siquiera me estoy esforzando. La chica vuelve a agacharse y sus glúteos, tensos como frutas, me abrillantan la bragueta.En la parada de Sano la chica de las piernas bonitas se baja. La sigo con la mirada para ver si vuelve la cabeza y me confirma quién manda dentro del vagón. No lo hace.El tren reanuda su marcha. Si viviera en Tokio no me pasaría esto. Defenderé hasta la muerte la necesidad de vagones solo para mujeres."

Una crítica un poco larga, pero creo que merecía la pena incluir algunos fragmentos a modo de ejemplo.

Opinión

Leer este libro ha sido una experiencia muy gratificante. A veces me ha dado la impresión de estar ante un cuento por entregas, como si hubiera sido parte de un blog, o algo así. En cualquier caso esta forma de escribir empieza a ser bastante común entre los nuevos talentos. Ya he leido y criticado en este blog algunos libros que recuerdan esta forma de escribir un tanto caótica y que, lejos de sacrificar calidad, al contrario enriquece y cualifica el libro. Un libro muy recomendable .

.
Link

Gracias.

miércoles, 12 de agosto de 2009

El estatus, en Recomendaciones de Oviedo Diario

Alberto Olmos
EL ESTATUS
Lengua de Trapo-2009

Vuelve Alberto Olmos. Vuelve uno de los más sólidos y originales narradores de la literatura en lengua castellana actual, y vuelve con una novela, El estatus, ‘intensa como un drama de Beckett, dura como las mejores historia de Faulkner’, y como a mi me gustan las obras llamadas a perdurar, atemporales y deslocalizadas. Tengo que decir que Olmos me recuerda a la mejor Cubas (Cristina Fernández, la de El columpio) lo que no deja de ser todo un halago. Vuelve Alberto Olmos y con él, la serena sensación de que su literatura aún esta lejos de tocar fondo.

martes, 11 de agosto de 2009

El talento de los demás, en Maestros Antiguos


“El genio no es elegirse genial y acertar; el genio es elegirse genial y posar

El talento de los demás consiste en eso, en acertar y posar. Alberto Olmos acierta y posa con cada frase: se atusa el pelo para quedar mono en la foto después de cada frase. Uno de sus personajes dice que desprecia a todos aquellos que hablan como pidiendo que alguien coja un magnetófono y grabe cada frase que sale por su boca. Eso hace Alberto Olmos. Le está pidiendo al lector que subraye cinco frases de cada párrafo. Ojo, no juzguéis demasiado pronto: ¿qué pretende ser una novela sino una sucesión de aciertos del novelista grabados en un magnetófono? Nadie ha dicho que posar sea malo. Posar es hacer literatura y puedes posar mejor o peor. No se trata de que se note más o menos (Carver posa que te cagas, a Lezama Lima se le nota a la legua), sino de la calidad de tu pose. Y la pose de Alberto Olmos tiene calidad, que es algo así como conseguir que tus palabras sean las únicas posibles en ese momento.

Así, salvando el comienzo, con el que Olmos parece pretender que le elogiemos la cantidad de palabras raras que conoce (¿estajanovista?, ¿sanedrín?, ¿fámulos?, y, sobre todo, ¿qué pasa después de las cuarenta primeras páginas?, yo que me había acostumbrado a tener que poner la RAE online cada dos páginas, ¿no hay más, o de repente me he vuelto muy listo?), el libro se agiliza y te envuelve en una sucesión de aciertos sobre el talento, de personajes sin talento, de personajes convencidos de que no tienen talento y de personajes que no pueden poner en práctica su talento porque están demasiado ocupados intentando creerse todo el talento que dicen poseer. Hay cinismo, hay lucidez y hay sexo, que parecen ser los pilares de Alberto Olmos y que, por supuesto, son unos pilares de puta madre porque todos nos identificamos con esos pilares actualizados al siglo XXI.

Pero lo más importante, para mí, de lo que me está diciendo Alberto Olmos (o de lo que yo estoy entendiendo, sea lo que sea lo que él, o alguno de sus personajes, me esté intentando contar) es encontrar en El talento de los demás, una posibilidad, una puerta abierta, apenas un resquicio por el que entra una mísera línea de luz entre las ruinas de todo lo que Alberto Olmos (y es algo que siempre se agradece) destruye: las ínfulas de pacotilla, la falsedad del talento, los progres comprometidos con la guitarra al hombro y los niños de papá con el dinero al hombro, las poetisas, los novelistas, los cantantes, los cineastas, los diseñadores de moda, las hordas empeñadas en triunfar sobre los demás, en hacerse un hueco a machetazos, en ser el último superviviente del batallón, el que lo contará, el que lo cantará, el que lo poetizará, el que lo diseñará cuando el resto haya muerto, cuando haya masacrado al resto para poder lucir el traje de genio en el funeral multitudinario. Entre todos estos individuos llenos de palabras, llenos de talento, hay una frase que, medio escondida, se convierte en el santo y seña del protagonista, aquel que, sin saberlo, solo compite contra sí mismo, solo trata de superarse, es decir, de odiarse a sí mismo. Todo su tormento, junto con esa frase, nos está diciendo algo que ninguno de los otros es capaz de vislumbrar entre tanto sueño de grandeza: el talento es frenético, cruel y, sobre todo irracional. “tener talento es lo mismo que estar en primera línea: te dan un par de medallas y luego te devuelven a tu casa hecho pedazos”. A Mario Sut se le escapan, como si alguien se la hubiese introducido en el cerebro, estas palabras:

“ganar sobre todo cuando es imposible”
---
Gracias.
Link

domingo, 9 de agosto de 2009

El estatus, doble mirada, en La tormenta en un vaso

Doble mirada: El estatus, Alberto Olmos
Lengua de Trapo, Madrid, 2009. 176 pp. 15,95 €

1. Óscar Esquivias

Una mujer con su hija pequeña, ambas llamadas Clara, se instalan en un enorme piso situado en el número 34 de la calle Schmelgelme, en el mejor barrio de una ciudad de la que desconocemos el nombre. El empleado de la inmobiliaria (Ichvolz), una criada interna de nombre Patricia y el portero de la finca, Jesualdo, son las primeras (y prácticamente las únicas) personas con las que las recién llegadas se relacionan, ya que la madre decide recluirse en la casa en espera de su marido, un importante empresario con negocios en ultramar del que carece por completo de noticias directas y cuya llegada se demora día tras día sin justificación. La soledad de las mujeres se ve acentuada por la actitud hostil de los vecinos, quienes parecen empeñados en atemorizarlas con ruidos nocturnos y gestos hostiles. Así comienza El estatus, la última novela de Alberto Olmos. El país, las circunstancias políticas y el propio tiempo de la acción quedan en una nebulosa indefinida, aunque la ambientación general dibuja un paisaje centroeuropeo del primer tercio del siglo XX.

¿De verdad que las líneas precedentes describen una novela de Alberto Olmos?, puede preguntarse el lector que conozca A bordo del naufragio o Trenes hacia Tokio. Olmos nos tenía acostumbrados a historias ambientadas en la actualidad, protagonizadas por jóvenes que mostraban su descontento con el mundo en relatos ácidos, obsesivos, llenos de humor, pero también de insatisfacción y amargura. Los escenarios estaban descritos siempre de forma muy vívida: Madrid, la provincia castellana, Tokio, las aulas docentes, los pisos de estudiantes, las oficinas de teleoperadores, los transportes públicos... Detrás de todo ello se adivinaba la experiencia vital del autor, dueño siempre de un estilo poderoso, muy persuasivo.

Nada de esto último falta en El estatus, donde Olmos da un paso adelante en su afición por los juegos literarios y los cambios de registro. En esta novela se aleja del universo contemporáneo y casi testimonial descrito arriba y construye una fábula literaria ambientada fuera de nuestro tiempo inmediato y de la realidad racional, una fantasía que está a medio camino entre la novela gótica (con su casa encantada, sus apariciones fantasmales, sus personajes torvos llenos de secretos) y la alegoría freudiana (la ausencia del padre, sueños iluminadores, llaves que no se sabe a qué puerta corresponden, etc.). Olmos no sólo se aparta de sus temas y escenarios habituales: también de los dominantes en la narrativa española actual, como si quisiera reafirmar su independencia y su carácter de escritor raro, excepcional. El autor sale airoso de todas sus acrobacias literarias: en El estatus demuestra una vez más que es un narrador nato, brillante, capaz de crear imágenes potentísimas y de atrapar la atención del lector.

De uno de los personajes de la novela se dice: «Cerró el libro como quien enjaula una fiera y apagó la luz». Podemos aplicar este símil a la literatura de Olmos: en sus novelas habita una fiera salvaje, indómita. Leer a Alberto Olmos siempre es una aventura. Y una sorpresa. Y un placer.



2. Miguel Baquero

El estatus es la sexta novela del escritor Alberto Olmos (Segovia, 1975), un autor con una carrera firme y en ocasiones, como su anterior novela Tatami, esplendorosa. Poco dado al modelo, al recurso fácil y a quedarse enclavado en un género o un estilo narrativo, en ésta su sexta obra Olmos ha optado por apartarse de la línea que venía siendo reconocible en él y abordar una historia turbia, fantasmagórica, donde lo que cuenta es la atmósfera creada más que la sucesión de los hechos.

Dos mujeres, madre e hija, se instalan en uno de los pisos de un edificio en el centro de la ciudad, un inmueble enigmático y de aspecto inquietante en el que enseguida descubrimos que se esconden varias historias sin aclarar… ¿o quizás son sólo rumores? En torno a la madre y a la hija giran varios otros personajes, como el portero del edificio, la criada, el agente inmobiliario que les alquiló la casa, y por encima de todos ellos sobrevuela la sombra del padre de familia, cuya visita está próxima pero no acaba de llegar. Unos ruidos enigmáticos en el piso de arriba, una llave que la hija distrae del zaguán del portero…

En estos términos y en medio de este clima opresivo está planteada la novela. El lector va pasando de una escena a otra de igual modo que si estuviera descorriendo visillos en una larga galería: la figura que aguarda al final, y que parecía imposible, cada vez se va, sin embargo, delimitando con mayor nitidez. En este sentido, es ya característica esa minuciosidad de Olmos, presente en todas sus novelas, esa constante de detenerse en las cosas pequeñas, de construir una novela en la cabina de un avión, en una casa pequeña, en una minúscula relación de pareja. Centrar la vista sobre un punto en concreto, más que desparramarla por los alrededores.

Es de resaltar el recurso que utiliza Olmos de unas voces que se intercalan, de pronto, en el discurso, unas diálogos fragmentarios, una especie de susurro entre algunos párrafos que no se sabe muy bien de dónde proviene. Algo así como el extraño ruido que proviene del piso de arriba y que, por más que apliquemos la oreja, no alcanzamos a distinguir con nitidez. También este pequeño detalle, innovador pero no gratuito, contribuye a espesar la atmósfera en la que se van recogiendo cada vez más las dos mujeres.

--

Link

jueves, 6 de agosto de 2009

El estatus, en El confidencial

Otra vuelta de tuerca. El estatus. Alberto Olmos.

La nueva novela de Alberto Olmos tiene todos los ingredientes de una convencional narración de misterio. La protagonizan dos mujeres solas, madre e hija, que pasan a habitar un territorio que, para ellas, es inhóspito: el primer piso de Schmelgelme 34, donde aguardan la llegada del marido y padre. Han cambiado su cómoda villa campestre, repleta de criados, por ese retazo urbano y una criada inexperta y deslenguada, indiferente ante las diferencias de clase entre ella y su señora, que sin embargo las tiene muy bien presentes. La hija, Clarita, que está en la edad de las primeras menstruaciones, traba una peregrina amistad con el no menos extraño portero del inmueble, Jesualdo, un gigante discapacitado cuyas inclinaciones se hacen pronto evidentes. Junto a las nuevas inquilinas y su criada, parece ser el único habitante del edificio, en el que sin embargo pronto comienzan a suceder episodios inexplicables.


La apariencia de convencionalidad se disipa pronto. En seguida aparecen dos voces junto a la del narrador: la de las protagonistas, que dialogan desde algún lugar fuera del tiempo, y la del portero, un monólogo interior –recurso que emplea profusamente el autor, especialmente hacia el final del volumen– que evoca al Benjy Compson de Faulkner. Olmos hace, en cada uno de sus proyectos, algo nuevo, pero dentro de sus coordenadas narrativas y estéticas. Aquí emplea esos ingredientes del relato de fantasmas para cocinar un guiso que, conservando la atmósfera inquietante, da una vuelta de tuerca al género, explora la soledad que aqueja a unos personajes que, por mor de su estatus, permanecen aislados, incomunicados, aun madre e hija: “admitámoslo, en nuestra familia nunca ha sido costumbre quererse” (pág. 108). La desolación del edificio, que se va revelando por las excursiones de Clarita –un edificio que “por fuera es un palacio, pero por dentro es la ruina total”– es la extensión física de la propia desolación y descomposición emocional de los personajes. El ordenado piso que habitan no deja de ser un decorado que terminará por ser engullido por la nada circundante.


La novela tiene ese aire de la gran narrativa centroeuropea de principios del siglo XX y hace gala de una complejidad constructiva que, sin embargo, esconde sus andamios, ofreciendo un aspecto pulido, acabado. Es la mejor novela de Olmos hasta ahora, que redunda en sus mejores cualidades, a las que ya se hizo referencia en anteriores ocasiones, perfeccionándose en una progresión casi ininterrumpida que llena de expectación a quienes disfrutamos de su escritura.

--

Link

jueves, 30 de julio de 2009

Provocación y disidencia en la literatura


Así se llama el taller que estoy preparando para los Talleres Fuentetaja, y que tendrá lugar entre el 21 y el 25 de septiembre.

Trataré de encontrar con los alumnos alguna definición acertada para estos dos conceptos (provocación, disidencia) y de ver en clase algunos ejemplos de disolvencia verbal en la historia literaria (sobre todo, en la narrativa).

Seguramente pondré un poco de hip hop.

"Niño vuelve al cole,
si todavía no te has percatado del siniestro,
aquí el único que aprende es el maestro"
Rapsusklei

En fin, podéis ver todos los detalles, aquí.

miércoles, 29 de julio de 2009

El estatus, en Desde la ciudad sin cines

Si la anterior novela de Alberto Olmos, Tatami, trascurría en el espacio cerrado de un avión y con el tiempo limitado a las horas de un vuelo Madrid- Tokio, en El estatus el espacio se reduce a un edificio de cuatro plantas, del que, durante las escasas semanas que ocupa el tiempo de la narración, sus protagonistas principales no franquearán las puertas.

Clara madre y su hija, Clarita, han llegado del campo a la ciudad, a un piso de lujo buscado por el marido ausente.

El país, por el uso del lenguaje de los protagonistas, podría ser España, pero no lo es; permaneciendo la novela atemporal y deslocalizada –como dice la contraportada-. En ella también se la compara con un drama de Beckett, supongo que haciendo referencia a su obra Esperando a Godot; en El estatus madre e hija también esperan a un Godot (el padre) que nunca parece acabar de llegar, aunque pesa sobre los protagonistas como una presencia ominosa. Clara madre e hija esperan entre un conserje mudo, una sirvienta deslenguada y las visitas de un empleado de la agencia inmobiliaria que les ha conseguido el piso.

En la contraportada también se cita a Faulkner, e imagino que será por la creación del personaje Jesualdo (el portero) que por momentos, en sus discursos quebrados y absorbentes, recuerda al Ben de El ruido y la furia.

En la contraportada no citan, sin embargo, a Henry James, para mí una referencia clara en esta obra, en la que, como en Otra vuelta de tuerca, el punto de vista narrativo resulta fundamental. Durante la lectura de El estatus la narración es cortada por unos comentarios en letra bastardilla que Clara madre e hija parecen dirigirse una a la otra hablando sobre las escenas de la novela. Un detalle me llamó la atención: en estos comentarios a veces se usa un tiempo verbal pasado y a veces presente; no desvelaré más, pero esto tendrá su influencia en el desenlace de la historia.

En el ambiente claustrofóbico del edificio, situado en Schemelgelme 34 (los nombres, aunque suenan a alemán, también deslocalizan el libro), las situaciones inquietantes parecen sucederse: ruidos, ausencia de vecinos… hasta la desaparición nocturna de la puerta del piso al pasillo del edificio. Aquí posiblemente se produce la gran ruptura de la novela, ya que la reacción de los protagonistas no parece acorde a las circunstancias; y debemos, quizás entonces, miran la portada, esa reproducción de una foto de Franz Kafka con Felice Bauer, para interrogarnos si nos encontramos ante una obra del absurdo de corte kafkiana. Pero sólo hemos de dejarnos guiar por la narración; al final todos, o casi todos, los interrogantes tendrán una explicación plausible, que estará en relación (aunque no de forma absoluta, ya que también son importantes los vínculos que los personajes secundarios tienen entre sí) con los dos puntos de vista principales de la novela: ésta es una historia de fantasmas, como parece creer Clarita; o es una historia de locura, como el lector puede deducir de las reflexiones de Clara. Ésta -la verdadera portadora del concepto de estatus-, vive aislada de los demás, criados, sirvientes… a los que considera inferiores, y mientras espera a su marido (Godot) se dedica a leer. Sólo se nos da una referencia de sus lecturas: El Horla, relato de Guy de Maupassant sobre un hombre que está siendo poseído por una presencia fantasmagórico o que se está volviendo loco (al parecer es un relato bastante biográfico sobre el propio Maupassant).

Una novela corta, que se lee con interés, y estando siempre la narración al servicio de un intenso trabajo con el lenguaje; siendo ésta una de la características de la escritura de Olmos, desde que debutara en 1998 con A bordo del naufragio (Anagrama, finalista del premio Herralde), una replica interesante a los libros rápidos y deslavazados de lo que por entonces se llamó “narrativa joven” (léase Historias del Kronen).

---

Gracias (a google Alerts también)

jueves, 16 de julio de 2009

De un desierto a otro: Monegros>Almería

Este sábado 18 me voy al Festival de Música del desierto de Los Monegros (Huesca) al volante de un automóvil de unos 25 años de antigüedad. Mi acompañante ya está buscando gafas de sol baratas, a ser posible de montura amarilla con forma de estrella. Luego bajaremos hacia Almería, donde trataremos de vivir aventuras postmodernas como quedarnos sin gasolina, recoger holandeses con mochila de las cunetas o escuchar sin reírnos canciones de Nacho Vegas.

Todo muy indie.

Aviso: cualquier amigo residente en la costa levantina es susceptible de convertirse en anfitrión forzoso.

Hasta la vista.

viernes, 10 de julio de 2009

Tatami, en el libro abierto de Daenyel

Desubrí este libro hace ya algún tiempo echando un ojo a la publicidad sobre literatura en una revista; desde ese mismo instante me llamó la atención tanto por su título como por su temática y decidí que tendría que leerlo algún día.

El libro trata sobre una conversación entre Olga, chica vírgen de 24 años, primera de su promoción que viaja por primera vez a Japón a dar clases de español y Luis, hombre que viaja por segunda vez a Japón que cuenta sus "aventuras" a Olga durante su primera estancia donde, como ella, también había dado clases de español; mientras ambos vuelan durante catorce horas entre Madrid y la capital nipona.

Luis relata la relación "interventanal" (dudo de la existencia de esta palabra) que tiene con su vecina adolescente y de cómo él la mira día tras día e incluso se exhibe para ella; y de su relación con una de sus alumnas adultas de sus clases de español.

Es un libro "calentito" si bien no tan sucio (afortunadamente... o no) como me esperaba que iba a ser y, tal vez, demasiado corto (no llega a 120 páginas). Creo que te deja un poco con la miel en los labios pero, a pesar de todo, me ha gustado mucho.

Entre los personajes, mi favorito es el de Olga; me gusta cómo se debate entre la curiosidad por conocer más y su ética y moral por no querer seguir conociendo y como llega a cogerle "cariño" a Luis.

--

Link

---

Arigato.

sábado, 4 de julio de 2009

Tatami deshita

La adaptación de Tanttaka Teatroa me gustó bastante. No soy espectador habitual de teatro y, además, antes de la representación fui convenientemente extorsionado por la extrema amabilidad de Koro, Kike y Fernando (estos dos últimos, directores de la adaptación; ella, en labores de producción), por lo que mi juicio sobre la obra no puede ser menos objetivo.

Saqué algunas conclusiones:

1º. Que uno no debe hacer absolutamente nada cuando le adaptan una novela. Luego vas al teatro y te das cuenta de tu ignorancia para con ese medio y de que todo lo que podrías haber hecho "ayudando" con la adaptación es estorbar.

2º. Que la diferencia entre un texto leído y un texto declamado es enorme; que las frases brillantes por escrito no lo son casi nunca en voz alta; que a todo el mundo le hacen gracia los mismos chistes.

3º. Que las temáticas sexuales en la novela, tan morbosas, se vuelven directamente escandalosas en público. Me produjo cierta incomodidad estar rodeado de personas y escuchar verbos salaces y lances eróticos. Ya digo que no voy mucho al teatro.

4º. Que el estreno de una obra teatral da mucho miedo. No sé cómo pueden soportarlo función tras función.

Y ya.

Aquí hablaban del estreno: El País, Diario Vasco.

Aquí hacen la crítica: Diario Vasco.

Muchas gracias a Tanttaka Teatroa por la descomunal acogida que nos dispensaron.

Les deseo toda la suerte del mundo.

miércoles, 1 de julio de 2009

Donosti

Hoy (en unas horas) estaré en San Sebastián / Donosti en el estreno de Tatami. Voy con mis queridos editores, Raquel y Fernando, Renfe mediante.

Lo digo por si iba a caerme algún ministerio; o alguna regalía. ¡Al móvil!

lunes, 29 de junio de 2009

El estatus, en Desóxido

Ignoraba hasta hace un rato por dónde debía comenzar esta reseña; no sabía si era una reseña o qué coño era. Ahora que lo sé, humedezco con cierta desvergüenza la punta del plumín de la pluma estilográfica número 34 y comienzo a escribir. Me gustan las plumas y me gusta chuparles el plumín -escribir me está envenenando-. Plumas y guiños como obsequios. Sí. Esto ya ha dejado de ser una reseña. Qué más me da.

El estatus, de Alberto Olmos, editada por Lengua de Trapo en mayo de este año, es una novela corta de sólo 163 páginas que se lee en menos de una tarde y que cuando la terminas exclamas: "Alberto, lo que buscabas era la belleza". Alberto dice que sí o dice que no, no lo sé, no le he "exclamado" nada.

Ceñirse al espacio que blogger te ofrece para escribir una entrada y hablar sobre El estatus, me provoca claustrofobia. Por esta razón no descarto que ésta no sea ni la única ni la última entrada que escriba sobre la última novela de Alberto Olmos.

Cinco o seis personajes sin tiempo y preñados de estatus, persuadidos por ese qué deben hacer y ser en la vida, porque la vida los ha puesto ahí, en esa cuadrícula del tablero. Al igual que Tatami, El estatus es serio candidato a la representación dramática por su compleja situación de comunicación, porque ignoro dónde se esconde el narrador, si es que por estar tan catártico, se ha entregado a lo risible de las escenas donde la madre, hija, rumano, asistenta, bedel y padre cabrón viven. La novela es un drama en potencia y éste es uno de sus rasgos más sobresalientes. Pero es mi opinión y sólo mi opinión es opinión verdadera para mí.

El estatus. Ese es el título. Existe un momento en que su lectura te deja sin venas. Abandonas por un momento el libro y te palpas el envés del brazo. Piensas: "Existo, pero en letra cursiva". Te asustas. No, te acojonas. Vuelves a palparte los brazos y flemático, vuelves a notar el fluir de la sangre por las venas. Es justo el momento que la novela te ofrece, y que la tarde te presenta, para que te tomes un descanso y disfrutes de un café cortado. El ruido del microondas calentando la leche termina reenviándote a la realidad de una tarde de junio, laboral y asquerosa. Hacer como Bastian en La historia interminable es el anhelo, el deseo: abstraerte mientras terminas de leer El estatus. Buscas una buhardilla.

El libro no tiene cicatrices. El libro ha sido escrito con fluidez. No obstante, existe una ruptura interesante y más que notable en el momento en que la madre, Clara, decide dormir en la misma habitación que los demás protagonistas. Es una situación de miedo, similar a la que describe Isaac Rosa en El país del miedo; qué gran novela. En ese justo momento, la novela inflexiona y el autor imprime un nuevo ritmo a la trama. Ahora El estatus cabalga muy deprisa y nos obliga a leer ya sin descanso hasta el final.

¿Qué hace Alberto en el libro? Cosas deshonestas. Tratar a la literatura como lo que es, como el arte de lo posible y no el arte de lo real, jugar con la literariedad hasta extremos no definidos ni por Todorov. Hala...

Olmos convence porque es escritor. "Vale, resulta indudable lo que acabas de escribir, Blumm". Como es indudable voy más allá y en este momento no me da miedo afirmar que si A bordo del naufragio hubiese sido escrita con la misma habilidad con la que ha sido escrita El estatus, Bolaño hubiese sido el finalista de aquel Herralde.

-No le entiendo, Blumm. Es más, se ha pasado.
-Ya, ya lo sé. Pero no me he pasado. Yo sé lo que digo.

Ahora, una afirmación sin demasiada reflexión: el título de la novela no es el adecuado. Si bien parte de la trama se organiza en torno al concepto del estatus, que sólo Clara tiene claro qué es, yo, editor en sueños la hubiese titulado Schmelgelme 34 a pesar de que a ti no te diga nada. La construcción Schmelgelme 34 es una chispa de genialidad porque esa palabra -que desconozco qué significa, si edificio en japonés o bungaló en francés- y ese número, constituyen un organismo vivo como en otros tiempos lo fue La colmena. La colmena nunca se hubiese titulado La miseria. Schmelgelme 34 es una construcción mágica pero tampoco es un palíndromo.

En fin, estas entradas tan largas sé que no las lee ni Dios. Lo sé y lo escribo. Voy acabando. Antes de hacerlo quiero revelar que los narradores de la novela conducen a velocidad de crucero, se les ve tranquilos porque conducen un DeLorean.

Hay que seguir hablando de esta novela, hay que seguir descubriendo los recovecos de su estructura, grabar sus psicofonías y servir el miedo en rodajas finas porque como dijo Nietzsche, hoy, según Vila-Matas:

el miedo ha favorecido más el conocimiento general del ser humano que el amor, porque el miedo quiere adivinar quién es el otro, qué es lo que puede, qué es lo que quiere.

Alberto, ¿para cuándo la próxima?
--
Desóxido

lunes, 22 de junio de 2009

El estatus en El placer de la lectura

Según los geólogos la epirogénesis es el crecimiento centímetro a centímetro de una cordillera a lo largo de millones de años. De acuerdo con esa descripción El Estatus es un libro epirogénico. Sepan por qué.

Cada frase, cada página, cada escena y situación sirve para ir acumulando poco a poco intriga, suspense, inquietud y perturbación a todo el relato. La escasez de personajes, únicamente seis en total, y un solo lugar en el cual se desarrolla todo, el portal de Schmelgelme 34, crea una atmósfera claustrofóbica y asfixiante que nos envuelve hasta ahogarnos por completo e hipnotizarnos de lleno.

La extraña relación madre-hija de Clara y Clarita, la fobia de la madre a salir a la calle, el portero de la finca, Jesualdo mudo y servicial, el administrador de fincas Ichvoltz y la criada, se combinan con las voces en off de quienes parecen ser de nuevo la madre y la hija comentando su vida mientras se visualizan actuando.

Nos produce una desazón tremenda desconocer multitud de detalles que se nos ocultan, ignoramos todo sobre el marido ausente, sabemos poco o nada de los demás vecinos, el origen de los demás personajes y los ruidos, roces o desapariciones aumentan nuestro nerviosismo centímetro a centímetro, hasta crear una montaña de sentimientos tenebrosos que sabemos que acabarán mal.

Alberto Olmos ha conseguido subyugarnos con una novela densa, profunda y psicológica hasta ser compulsiva. Incluso es una novela capicúa. Nada produce más temor que los miedos y fobias que tenemos y que Olmos sabiamente combina sin ningún efectismo comercial para regalarnos un relato del siglo veinte(?) fuera de ubicación que nos hará levantar la vista del libro muchas veces y preguntarnos hacia donde nos lleva. Un logro exquisito.

Nos ha gustado mucho: El subir gramo a gramo la intriga
Nos ha gustado menos: Rendirnos ante un relato tan genial

---
El placer de la lectura
En facebook
---

Se agradece.

miércoles, 10 de junio de 2009

¡Dispara!

Prolegómenos de la entrevista con Juan Suárez, de La Libélula.

***


Leyendo durante el spoken word del Festival de las Artes. (Fotos: Luis A.)

***


Encuentro casual con P., que disparó nada más verme (le entiendo). El resultado: una foto natural, donde no, no toco las castañuelas, sino que hago ese gesto tan siglo XXI que es quitarse los auriculares para atender al mundo. Me encanta el color de la imagen. Pincha para verla más grande (mucho).

sábado, 6 de junio de 2009

miércoles, 3 de junio de 2009

La libélula, Radio3, este viernes

El programa La libélula, de Radio3, se emite este viernes día 5 de junio desde el Festival de las Artes de Salamanca.

He sido invitado a participar en él para hablar del volumen Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder.

Hora: 15.00.

jueves, 21 de mayo de 2009

El estatus (cubierta)

update 1 de junio:

El libro ya está en la caseta de Lengua de Trapo en la Feria del Libro. Número 319.


Alea jacta est.
...
update: 25 de mayo.
Acabo de enterarme del "secreto" de la fotografía que ilustra El estatus. ¡Me encanta! Me muero de felicidad. Supongo que Vila-Matas lo pillaría a la primera...
La fotografía es de Paco Gómez (colectivo No photo).

martes, 19 de mayo de 2009

jueves, 14 de mayo de 2009

El estatus

Hoy me leí El estatus en pdf. Aunque son sólo 164 páginas, tardé tres horas y media.

Da miedo leer lo que uno mismo ha escrito. También da un poco igual: enseguida el libro se enfrenta al lector, y resulta indiferente quién lo ha escrito.

Leer tu propia novela no es como jugar al ajedrez contigo mismo: es como jugar al ajedrez con tu hijo.

El caso es que El estatus me ha gustado mucho, gracias a Dios. Es una novela intensa, dramática, de puro personaje. De mujeres.

Sí.

Las mujeres de El estatus me han encantado. "Esta novela tiene algo que no tenía ninguna tuya anterior", dice el hijo de puta de mi editor, "buenos personajes femeninos".

Y tiene lo que tienen todas: deseo.

Es una novela sobre el deseo y la posesión. Es decir, una novela sobre el poder.

martes, 12 de mayo de 2009

La chica de ayer

Cuando suena “La chica de ayer” respiras hondo y enciendes un cigarro. Significa que te vas. La función ha terminado, y tanto si ha salido bien como si la ginebra estaba aguada, no se admiten reclamaciones, amigos. Suena la canción y la cantas con las únicas fuerzas que te quedan. Te sorprende que todavía estés en pie y no te hayas desmayado de puro sueño y cansancio. Observas a la gente y buscas alguien con quien tomarte una última copa al salir. Una chica a la que dejar en casa cuando amanezca.

No encuentras a la chica del brugal con limón y observas cómo aquella del pelo corto que te atravesó con su sonrisa mientras le aceptabas el dinero, se besa largamente con el tipo alto y tatuado de la gorra. Un tipo con suerte piensas. Un tipo con demasiada suerte. Sigues buscando alguien a quien ofrecerle el último chupito antes del cierre, pero las gemelas ya se han ido y te irás solo a casa.

“La chica de ayer” suena con la ternura de las canciones que ya estaban escritas antes de haberlas escrito. Recuerdas que mañana será un día duro, que apenas te quedan horas para dormir, que tienes hambre y una carta de rechazo por abrir encima de la cama. Entonces sientes esa ligera depresión que te da la barra en noches como esa.

El próximo viernes dedicaré “La chica de ayer” a todos esos chicos que guardan un sueño detrás de la barra. A los que te sirven el cortado, amables y sencillos, después de haber sido vapuleados en un casting horas antes. A todos aquellos que no pueden evitar pensar en ese guión a medio terminar mientras te toman nota de la comida. A las chicas que esconden sus zapatillas de ballet detrás del friega platos. A todos los que tienen ganas de salir corriendo y buscar algo mejor ahí fuera, lejos de la cafetera y la máquina de hielo. A los que se sienten viudos si no le presentas a la chica de las pecas, los que al salir siempre tienen algo que hacer, los que lucen ojeras antes del examen, los que olvidan el número de la mesa pero no el nombre de su personaje, los que caminan con los mismos zapatos desde que aprendieron a caminar, los que saben rimar la palabra oscuridad, los que miran las copas de vino antes de servirte el Ribera, los que coleccionan cicatrices orgullosos y sobre todo a los que les resuenan todavía en los tímpanos el portazo que les dieron en Abril. Cantaré la canción y me acordaré de ellos, de vosotros, de los camareros pluriempleados que duermen planchando el curriculum bajo la manta.

"Un día cualquiera no sabes qué hora es…”

No existe mejor final para el principio de una canción.

---
Uno de mis textos favoritos de Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder. Obra de David Capón / Supercrisis.

Antonio Vega murió hoy.

domingo, 10 de mayo de 2009

Spoken Word sobre Algunas ideas... en Salamanca

El 5 de junio participaré en el llamado Festival de las Artes en la Casa de las Conchas de Salamanca con una lectura moderna (=spoken word) de textos extraídos de Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder, esa novela ya fundamental en la historia de la literatura del presente siglo.
Ejem.
Mi amigo Luis A. se ha animado a venir conmigo a poner la música lo suficientemente alta como para que no se note que estoy temblando.
Informan sobre el Festival aquí.

jueves, 7 de mayo de 2009

París

Me voy unos días a París. En primera clase, por supuesto. Al Hilton, of course.

No miraré mi mail ni podré aprobar los comentarios. A lo mejor dejo a alguien (un secretario, evidentemente) encargado de esa tarea.

Hoy me comunicaron las ventas de El talento de los demás en bolsillo. Quiero dar las gracias personalmente a las 56 personas que lo han comprado. Gracias, personalmente.

Están en Ldt ultimando El estatus. Como siempre, dudas con la portada. Me quedo con la frase de Fernando Varela:

Para que le guste a Alberto tiene que ser sexy.

martes, 5 de mayo de 2009

Tatami ya tiene actores

Olga y Luis
AINARA ARNEDO / GORKA AGINAGALDE

Podéis ver toda la información disponible sobre la adaptación aquí.

---
Un reflexión: entre la obra de teatro, Algunas ideas..., El estatus, En las ciudades y otras cositas más supongo que doy la impresión de estar muy ocupado.
La realidad: no hago nada en todo el santo día.

domingo, 3 de mayo de 2009

Drac Party: todo lo que siempre quisiste saber sobre el mundillo literario

(...) I em sorprèn veure l`hikikomori Alberto Olmos, finalista de
l`Herralde l`any que guanyà Bolaño, i que va de verge incorruptible. En realitat, sospit que deu molar-li el sadomaso: fa dos dies digué a na Cristina Fallarás que, sincerament, no li interessava la seva conversa, abans d`abandonar-nos a n`Ana S. Pareja, na Carol París i a mi per ser males amfitriones. No el satisférem. O sí, perquè aquí el tenim.

Lo que puede venir siendo:

(...) Y nos sorprende ver al hikikomori Alberto Olmos, finalista del Herralde el año que ganó Bolaño, y que va de virgen incorruptible. En realidad, sospecho que le debe de molar el sadomaso: hace dos días le dijo a Cristina Fallarás que, sinceramente, no le interesaba su conversación, antes de abandonarnos a Ana S. Pareja, a Carol París y a mí por ser malas anfitrionas. No le satisficimos. O sí, porque aquí le tenemos.

El Mundo Catalunya, Tendencias, Página 9, sección Plexiglás, columna Porno per a tothom a l `orgia de la Drac Party, de Llucia Ramis. 30 de abril.
---

Y básicamente esto es el mundillo literario.

martes, 28 de abril de 2009

Memories can´t wait

anotaciones

La ida, con MGA. Hablamos. Miro a mi izquierda. Una chica lee sola. Miro el libro, reconozco que es de Lengua de Trapo. Me fijo en el borde de la solapa. Digo: Ese libro es mío. Azul con manchas blancas: Tatami. La chica levanta la vista (está a menos de 1 m de distancia de nosotros): Sí, es tuyo. Nos cuenta: me he sacado el libro en la biblioteca de Usera y me he dicho me voy a La ida a leer que seguro que me encuentro con Alberto Olmos. Yo: No vengo mucho por aquí. Ella: Ni yo. Yo: Ah. Ella: Voy a seguir leyendo. Yo: Ok.

Ella sigue leyendo mi libro a menos de 1 m de mí.

Media hora después se levanta y recoge sus cosas. Yo: ¿Te vas? Ella: Sí, ya me lo he acabado. Yo: Qué velocidad. Ella: Me ha gustado mucho, aunque he visto dos erratas. Yo: ¿Eres filóloga? Etc.

Se va.

MGA y yo hablamos de nuestra fama diminuta.

Cenamos en El Maño.

Horas después, en el Jose Alfredo, le digo a MGA: Ese es David Byrne. MGA: No. Yo: Sí, sí, es David Byrne. Antes hemos visto a Pablo Carbonell y hemos estado de acuerdo en que era Pablo Carbonell. Pero con David Byrne es más difícil creérselo.

Yo: Se lo voy a preguntar. MGA: Venga.

Yo (a David Byrne): Are you David Byrne?
David Byrne (a mí): Yes.
Yo (a David Byrne): Thank you.

Yo (a MGA): Es David Byrne.
MGA (a mí): 5.000 puntos para cada uno.

Nos encantan los famosos.

lunes, 20 de abril de 2009

Nota GPS

Como odio viajar, y my logic is undeniable, me voy a Barcelona sin más.
Y luego a París.
Sin más.

sábado, 18 de abril de 2009

Reseña de Antonio J. Rodríguez para El Día Cultural

Bajo la coordinación y supervisión de Alberto Olmos (Segovia, 1975), Caballo de Troya ha decidido subirse al tren de los recientes ejercicios narrativos estrechamente ligados con el hipertexto, Internet y las nuevas tecnologías. Una tradición que encuentra sus orígenes allá por 1990 con la publicación en Eastgate de ‘Afternoon, a Story’, novela de Michael Joyce —«el Homero del hipertexto», como de él dijera la publicación alemana Der TAZ— fervientemente defendida por Robert Coover; y que para el caso español ha generado ficciones más o menos rupturistas como puedan ser el relato de Jordi Carrión de 2007 que lleva por título ‘Búsquedas’ (apócrifas entradas en Google cuyo objetivo es el trazado de pasadizos entre Andalucía y Cataluña), o esa otra novela inicialmente publicada como entradas para un blog compartido y posteriormente editada con el —acaso petulante— nombre de ‘Hotel Posmoderno’ (2008).

Lo que Olmos propone en ‘Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder’ pasa por una provocación al concepto de lo literario, pues a diferencia de ‘Hotel Posmoderno’, las entradas de los distintos blogs aquí recogidos no fueron escritas con el objeto inicial de su aparición en papel. En palabras del autor de ‘Tatami’, y siguiendo cierto postulado estético según el cual la literatura deviene expresión perversa de la sentimentalidad en tanto que entronca con unas formas prefiguradas, los blogueros que alimentan las piezas del libro constituyen «un puñado de voces sin excesiva ambición literaria pero, quizá por eso, cargadas de honestidad». Ergo, precisamente por ello, sería errado pretender aplicar una metodología crítica convencional aquí, dado que aquello a lo que nos enfrentamos no es literatura en un sentido estricto (o lo que es igual, sus autores no parten con una voluntad explícita de ser catalogados bajo esta etiqueta), sino más bien cierta conjunción de piezas netamente confesionales, las más de las veces salpicadas de desaliento y rabia típicamente urbanitas: razón suficiente para poner de muy mal humor a quienes decidan decodificar ‘Algunas ideas buenísimas...’ como un signo más de la colonización cibernética (los ratos muertos que ello implica, así como su capacidad para atraer información basura) sobre esa otra cultura condenada a elevar el estado del alma.

Habida cuenta del actual debate reabierto en torno a la ontología de los géneros, sorprende el gesto de la editorial de no presentar el libro como novela fragmentaria, sino solo como novela (sin ninguna otra etiqueta) cuyo argumento descansa en la «existencia en medio del desierto», por lo que en todo caso convendría ser clasificada como «novela conceptual». También hay en ‘Algunas ideas buenísimas...’ auténtico compromiso con la actualidad en esa tentativa de Olmos por convertir en género literario los estados en Twitter, o en prosa los spam de mendicidad electrónica desde supuestos países tercermundistas. De igual modo conviene destacar la profusión de ideas acertadas provenientes de voces anónimas, siempre a través de idiolectos ingeniosos, relajados, cínicos y epigramáticos como eslóganes; a saber: «todos querríamos que nuestras tonterías fueran leídas por una cantidad ingente de desconocidos pero nunca por nuestro círculo cercano» (Supercrisis), o «—¿diferencia entre follar y hacer el amor? Yo, si sudo, es que estoy follando (María G. Abril). Por último, especial interés merecen las voces de los blogueros Supercrisis y Eritrea, quien a través de sus disertaciones sobre el patetismo universitario recuerda sospechosamente —aunque en una versión mucho más ligera (en efecto, menos ambiciosa)—, a aquel brillante Alberto Olmos de ‘A bordo del naufragio’.

Link

---

Nota personal: tengo la impresión de que sigo escribiendo para que me digan que mi primera novela era mejor...

viernes, 3 de abril de 2009

Algunas ideas... en Mondosonoro (scaneado)


El MondoSonoro de Abril saca una entrevista sobre Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder. Las fotos que ilustran el artículo son difíciles de ignorar (+18).

Gracias por lo de "nuestro escritor favorito".