
En el jurado estuve con Patricio Pron, Ramón Pernas, Laura Revuelta y Fernando

SIETE MANERAS DE MATAR A UN GATO (Matías Néspolo)
CONTRA LAS BUENAS INTENCIONES (Antonio Ortuño)
http://www.elpais.com/edigitales/entrevista.html?id=7199
¿Estos no salen siempre en El País? ¿Qué tal un poquito de variedad? ¿Qué tal el número 22? No suena igual a 4, ¿verdad? Ni siquiera suena a: los cuatro de siempre, ¿a que no?
Por favor, Winston, pronuncia después de mí: vein-ti-dós.
LOS ENFERMOS ERRÓNEOS (Sònia Hernández)
Barba: No hay gran conspiración, Alberto; no hay mafia. Estás obsesionado, tío.
SÁLVAME, JOE LOUIS (Andrés Felipe Solano)
La lista.
La lista me parece bien, porque estoy. Lo mejor de estar en la lista es que no te has quedado fuera, a la intemperie de la envidia y el resquemor y la frustración. Eso es lo mejor. Estar me da igual; no estar me importaba más.
Entiendo que no se ha negado ningún nombre mediático, por lo que se da a entender que todo lo que alcanza relevancia comercial es de calidad. Aurelio Major explicó, y luego constaté en charla con él, que se había leído todo lo posible, y luego todo lo imposible, y luego un poquito más todavía. Que Cuba se peinó en busca de un autor, y que realmente no se encontró a ese autor; que los autores de la "generación Nocilla" no estaban, en efecto, aunque sus nombre sonaron y algunos jurados los propusieron y sus candidaturas se tomaron en cuenta; pero que Labbé es el autor que hace "eso" mejor, y por eso está Labbé.
Entiendo que se ha señalado autores minoritarios, como Yushimito, y que se han descubierto muchos nombres; que algunos como yo, de nombre casi sólo conocido en el "mundillo", hemos visto respaldadas nuestras poéticas, nuestro trabajo de varios años y nuestra constancia desquiciada en los márgenes del sistema.
Pero también entiendo que, quizá, esta lista sólo sirva para consolidar, reforzar, sumar vitaminas, a 4/5 autores, ya muy conocidos, y que los demás podemos acabar siendo simple relleno de inventario. Ver el chat de El país, para empezar.
De los 21 autores, conozco de nombre a 12; he leído a 11. No he leído a Pola porque me irrita el modo en el que sus editores en España pretenden convertirme en ese adolescente que ve Los vigilantes de la playa por las tetas de Pamela. Creo que Alejandro Zambra es un genio. Creo que Andrés Neuman es un buen escritor, y que se merece su puesto y el martirio de su puesto: estar siempre cuestionado.
No es ninguna sorpresa encontrar a Pablo Gutiérrez en la lista, aunque sólo haya publicado 100 páginas: Rosas, restos de alas.
Todos creemos que Mario Cuenca podía haber estado. Lo que nadie dice es quién se va para que entre Mario Cuenca. ¿Tú?
Que haya sólo cinco mujeres es normal. Ver que sólo hay cinco mujeres no es normal. Yo no veo hombres y mujeres, veo autores; los seleccionadores no han visto hombres y mujeres, sino autores. Hay muy pocas escritoras que me gusten. Me doy cuenta después, cuando lo pienso. Elvira Navarro y Andrés Barba son Elvira Navarro y Andrés Barba, marcas, Made in; puedo pensar después si me gustan más los autores cuyo nombre empieza por H o los autores cuyo nombre empieza por P; pero no puedo, mecánicamente, buscar el mismo número de autores que me gusten cuyos nombres empiecen por H y que me gusten cuyo nombre empiece por P.
¡Yo creo que hay demasiados autores que se llaman Andrés! ¡Hay 4! ¡Qué escándalo, qué discriminación! ¡Ni un solo Pedro!
Estamos los 3 finalistas del Herralde de mi generación: Barba, Neuman y yo. Quedamos finalistas casi consecutivamente, con apenas 23 años todos. En la lista, sin embargo, no hay ningún autor nacido en los 80: eso confirma mi teoría, mi miedo, de que en España al menos los autores nacidos en los 80 están poco representados, casi no existen. Creo que es necesario que cada generación tenga su galgo narrativo, su pionero. Eso hace que muchos se animen a leer, dado que se suele hablar de ellos en esos libros, y que otros se animen a escribir. La primera pista que tuve yo de qué era eso de publicar libros fue la aparición de Historias del Kronen, novela que aprecio, y que me hizo pensar que yo también podía hacer eso: escribir, publicar, ahora.
Reconozco mi buena fortuna: nací el 14 de enero de 1975. Por pocos meses, por un par de años, o por tres, autores como Óscar Esquivias, Juan Aparicio Belmonte, Isaac Rosa, Jon Bilbao, Álvaro Colomer y Javier Calvo no han entrado en el debate. Si la lista fuera de menores de 40 años, yo no hubiera estado.
Esto pienso de la lista.
EL TALENTO DE LOS DEMÁS (Alberto Olmos)
Me han caído muy bien los seis escritores que acudieron a la presentación en el Círculo de Bellas Artes. Hablé sobre todo con Andrés Neuman, Elvira Navarro y Andrés Barba. Ninguno era como esperaba; es decir, ninguno era insoportable.
Barba: Alberto, ¿por qué tienes tantísima mala leche?
Yo: No lo sé, tío; he pensado un momento tu pregunta, y no lo sé.
Elvira me pareció adorable, Barba increíblemente cercano y Neuman apoteósico y pizpireto.
Todo bien.
EL FUTURO NO ES NUESTRO (Federico Falco)
No creo que la gran novela, si surge, de los próximos diez años la escriba alguien de esta lista. Yo, desde luego, no la pienso escribir. Todas las listas a futuro son absurdas. Había una en los noventa, que apuntaba en esta dirección, y casi todos los nombres de esa lista ya ni siquiera escriben. Dudo mucho de que los autores mejoren con los años; estoy seguro de que empeoran. Los que ya hemos publicado cinco novelas o más nos damos cuenta de que no teníamos tantas cosas que decir, y de que cada día hay menos ilusión por decirlas. De principiante, uno no piensa más que en partir la historia de la literatura en dos; no tiene que atender a minucias como qué editorial publica o quién escribe o qué críticos critican. Se escribe a lo grande, de pequeño. Pero después va dando la impresión de que no merece la pena, al menos no merece la pena el derrame cerebral, el despellejamiento del alma, el darlo todo a un papel en blanco.
Vivir es bello a veces, como dice Francisco Brines.
Escribir bien no es bello nunca; es dolor.
Y uno a veces quiere dejar de hacerse daño.
La revista Granta en español ha hecho pública hoy la nómina de autores que componen su proyecto Los mejores narradores en español de Granta. Son los siguientes:1. Andrés Barba, España
2. Oliveiro Coelho, Argentina
3. Federico Falco, Argentina
4. Pablo Gutiérrez, España
5. Rodrigo Hasbún, Bolivia
6. Sonia Hernández, España
7. Carlos Labbé, Chile
8. Javier Montes, España
9. Elvira Navarro, España
10. Matías Néspolo, Argentina
11. Andrés Neuman, Argentina
12. Alberto Olmos, España
13. Pola Oloixarac, Argentina
14. Antonio Ortuño, México
15. Patricio Pron, Argentina
16. Lucía Puenzo, Argentina
17. Andrés Ressia Colino, Uruguay
18. Santiago Roncagliolo, Perú
19. Samanta Schweblin, Argentina
20. Andrés Felipe Solano, Colombia
21. Carlos Yushimito, Perú
22. Alejandro Zambra, Chile

He visto unas cien veces el vídeo de Albert Serra donde se opone frontalmente a la descarga gratuita de música en internet, con un bote de Mistol como principal argumento. También he leído varias entrevistas, en catalán y castellano, y varias reseñas a sus películas. He localizado además sus comentarios a un post de Oti R. Marchante en el que el crítico de ABC calificaba su película El cant dels ocells como "un montón de estiércol cinematográfico". Y he atendido, en fotos y vídeos, a la inusual pericia de Albert Serra para abrocharse los botones más desaconsejables de las prendas que se pone.Me hace mucha gracia Albert Serra. Como todos los provocadores, lo que consigue su postura extrema y arbitraria, a la ofensiva, es hacerte pensar de nuevo en determinados estatutos inamovibles de la sociedad, lo que te obliga, finalmente, a considerar sinceramente qué tanto de tus pensamientos los has pensado tú, y qué tanto los han pensado por ti. Evidentemtente la postura mayoritaria (entre mis amigos, por ejemplo) a favor de la gratuidad de la música no procede de un análisis personal, de calibrar las opciones y entender el asunto en sus mínimos detalles, sino de la asunción pasiva del discurso dominante en los medios de información que frecuentan.
Cuando oigo a Albert Serra decir que sólo un imbécil piensa que la música ha de ser gratis, me relajo muchísimo. Es lo que yo pienso, pero no he sido capaz de decirlo con tanta contundencia, sino que me he visto forzado a argumentar casi en el vacío sobre algo que, a la luz de las afirmaciones de Serra, me parece ahora una obviedad. ¿Cómo va a ser gratis la música? ¿Por qué? Es indefendible.
Varios elementos concurren en mi simpatía por este tipo. Uno de ellos es su procedencia, Banyolas, municipio de Girona de no más de 7.000 habitantes. Me agrada ver que, a diferencia de tantos escritores, cineastas y músicos, Albert Serra no trata de ocultar su origen rural, sino que lo exhibe graciosamente, sin el menor complejo; de hecho, ese origen, ese pueblo, forma parte medular de su cine, pues sus películas están protagonizadas por algunos habitantes de Banyolas, que es un casting sucesivo para Serra.
Además, me admira su condición kamikaze. Nadie en su sano juicio se metería con Alejandro Amenábar, un director de cine llamado a mover los hilos de la industria nacional de los próximos 30 años, y con el que, claro está, más les valdría a todos llevarse bien, ocultando siempre su desafección por sus películas.
Serra produjo él mismo su película Honor de cavalleria, con un presupuesto de 360.000 euros. Según datos del Ministerio de Cultura, la vieron unas 25mil personas (frente a los 9 millones de Avatar o a los 600.000 espectadores de algunas películas últimas de Almodóvar o Medem.)
Su siguiente filme, El cant dels ocells ("estiércol cinematográfico", ya apuntamos) la vieron apenas 2.000 personas. Si no fuera por el éxito en Cannes y en la revista Cahiers de cinemà, Albert Serra no estaría, como es lógico, protagonizando este post.
Pero en Francia lo quieren.
Después de empaparme con sus cosas, sus citas, sus salidas de tono, he conseguido finalmente ver una película suya, Honor de cavalleria. La saqué del videoclub: 3 euros.
Es aburridísima: se me dormía la gente sobre el regazo, lo cual no es mala consecuencia. Yo aguanté disciplinadamente su metraje.
Trata de don Quijote y Sancho Panza, perdidos por el campo. Apenas hay palabras, seguramente tiene más palabras este post que toda la película, todos sus diálogos juntos. Cuando hay palabras, son tan anodinas como Sancho, Ven, Mira, Vamos, Roncas o Laurel. A veces alguna frase destaca, como cuando don Quijote le dice a Sancho: Dile a Dios, Dios, eres el mejor. Y Sancho repite: Dios, eres el mejor.
Planos largos sobre paisajes inmóviles, sobre cuerpos inmóviles, sobre cielos detenidos conforman toda la película. No pasa absolutamente nada. Es como si Serra hubiera filmado el espacio en blanco que hay entre un capítulo y otro del Quijote, como si hubiera hecho cine con lo que Cervantes hizo elipsis; como si hubiera querido fijarse en las sobras de una aventura.
En una escena determinada, vemos a don Quijote de pie, tambaleándose al compás del viento. No se sabe muy bien qué le pasa; no se sabe en absoluto qué. Se mueve hacia delante, hacia atrás, hacia un lado; levanta un poco el brazo derecho. Suena el viento.
Me perturbó bastante esta escena. Me puedo inventar todo tipo de teorías o interpretaciones líricas sobre ella, lo cual es decir bastante.
Ray Loriga tiene una frase muy brillante (tiene muchas) sobre el cine que le gusta: Me gustan las películas donde te aburres un poco.
Con Honor de cavalleria te aburres un montón. ¿Puede ser eso gran cine? Quizá yo no estaría exhibiendo indulgencia con esta película si no fuera fan de Albert Serra, del hombre. Quizá considerara su película una puta mierda insoportable. No lo puedo saber, sólo estimar.
En cualquier caso, como Jean Luc Godard, Serra tiene en sus manos, en su actitud, mucho cine posible, del que sus películas quizá sólo sean bocetos para los que vendrán.
Muerte y armaduras, como dicen en la Ilíada.

Un amable escritor al que no conozco en persona me escribió no hace mucho un mail. En él me informaba de que, durante un viaje en AVE, había escuchado en Radio Renfe una pieza dedicada a El estatus. "Aunque seas a veces un poco cascarrabias", concluía, "tengo la impresión de que, en el fondo, estas cosas te hacen cierta ilusión."
Así que El estatus.
una buena acogida." Puede considerarse que acertó.